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Alejandro III de Macedonia

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Más conocido como Alejandro Magno, fue rey a los 20 años y en sólo 13 años de reinado conquistó toda Grecia, la costa oriental del Mediterráneo y el Imperio Arqueménida, fundando 20 grandes ciudades y más de 70 pueblos a lo largo del Asia Menor, hasta llegar a la India. Para dar una idea aproximada, la extensión de su imperio incluía lo que hoy conocemos como Egipto, Franja de Gaza, Israel, Líbano, Siria, Turquía, Armenia, Irak, Irán, los actuales países al sur de Rusia, un vasto territorio del Asia Central, Afganistán y parte del continente indostánico. Los escritos antiguos dan fe de una muerte lenta producto de un envenenamiento, rindió su excepcional alma en Babilonia, antes de cumplir los 33 años, sin haber alcanzado su sueño de conquistar la Península Arábiga.

En Grecia hasta la fecha Megalos Alexandro está considerado el más heroico de los grandes conquistadores, como un segundo Aquiles, “soldado y semi-dios”. Su extraordinaria personalidad ha inspirado a otros conquistadores como Julio César y Napoleón. Sus títulos son numerosos: Faraón de Egipto, Rey de Media y de Persia, Hegemón de Grecia, es decir quien ejerce la dirección intelectual y moral de un pueblo. Su dominante trascendencia como autoridad permitió cambiar por completo la estructura política y cultural de las diferentes civilizaciones que iba capturando, una época sobresaliente de influencia del carácter de la antigua Grecia por todo el ámbito mediterráneo y del Oriente Próximo. Su figura da inicio al llamado “Periodo Helenístico”, que data a partir de su fallecimiento en el 323 aC. y que gracias a la  valiosa herencia por él dejada se perenniza hasta que Roma empieza a intervenir en el Oriente en el siglo II aC. Y aún se prolonga hasta la muerte de Cleopatra y de Marco Antonio en la Batalla de Accio, en el 30 aC.  

Las hazañas de este invencible general lo han convertido en un personaje mítico, a causa de la profunda espiritualidad en todo momento por él manifestada se le consideraba casi “divino”. Al impulsar la incorporación extranjera a su ejército e incentivar los matrimonios mixtos Alejandro logró inculcar su propio sello en el espíritu del imperio, con su “política de fusión” promovió la integración de los pueblos sometidos, obteniendo como resultado un alto grado de hegemonía cívico cultural - al estilo griego - en todo lugar por donde se expandieron. Para los griegos es héroe nacional y libertador, tal como he tratado de demostrar en mi artículo anterior en el que describía la eufórica pasión que ha desencadenado en salónicos y atenienses el asunto del nombre de Macedonia. Este asunto histórico demuestra una vez más la fuerza que tiene la palabra. El Génésis empieza: “en el principio el verbo…”

No olvidemos que en aquel entonces el imperio persa significaba la mayor amenaza para Grecia, en el 334 aC. el joven Rey de Macedonia lanzó a su pequeño ejército de apenas 40.000 valientes (aliados griegos y macedonios) a enfrentar la potente armada persa, muy superior en número y experiencia. El legado de Alejandro el Grande ha contribuido a enriquecer la historia de Oriente y ha permanecido vigente por los dos últimos milenios como uno de los pilares de la civilización occidental. No da lugar aquí para contar enteramente la inverosímil trama de todas sus conquistas, perocomo suele suceder a lo largo de la historia, el final de un brillante periodo es casi siempre desastroso. Le sucedió su medio hermano con “discapacidad intelectual” Filipo III Arrideo, y su hijo Alejandro IV, que tampoco mostró ninguna integridad, por lo que el poder se concentró en manos de sus ambiciosos generales que terminaron por desmembrar el fabuloso imperio repartiéndoselo en minúsculos reinos.

Esta noche paseando por el Acrópolis y mirando Atenas desde su cima he dado más de una vuelta al asunto, esta historia me hace reflexionar sobre el frágil destino de la Unión Europea. 

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