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Congreso debe respetar y no menoscabar la libertad de prensa y expresión

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Nuevamente, debemos denunciar cómo desde el Congreso de la República se están dando desconcertantes y  malas señales respecto del libre ejercicio de las libertades de expresión, opinión y de prensa. Ello amerita un deslinde al más alto nivel de sus autoridades y voceros de bancadas, pues lo que finalmente está en juego es el sustrato fundamental del Estado de derecho  y la gobernabilidad democrática.

  Lo último en todo esto ha sido la absurda e intolerable medida, dispuesta por el jefe de Comunicaciones del Congreso, Christian Peralta, de suspender al reportero gráfico de Caretas, Óscar Medrano, para la cobertura de la actividad parlamentaria. Ello respondería al desacuerdo del periodista con la (otra) absurda decisión de construir una especie de “corral” donde deben permanecer los periodistas, lo que contraría una democrática y antigua práctica por la que los hombres de prensa acreditados tienen, como debe ser, la facilidad  para desplazarse por los pasillos y recintos parlamentarios.

  ¿Quién dispuso y a  qué responde una medida tan restrictiva, por decir lo menos, como esta de confinar a los periodistas como si fueran ganado de establo? El Hall de los Pasos Perdidos, y otros pasajes, son históricamente espacios de entrevistas, pactadas o al paso, y campo de observación de lo que está pasando, interesante e importante, que finalmente el público, que elige y paga a los legisladores, tiene derecho a saber.

 Para entender el telón de fondo de todo esto habría que recordar que, previo a esto, se produjo el también desatinado e inconstitucional  llamado que hizo el presidente del Congreso, Luis Galarreta, a las empresas anunciantes del semanario para que dejen de colocar su publicidad allí. Esto, un llamado al boicot, constituye  claramente  un atentado a la libertad de prensa y empresa, que no puede ser aceptado en el Estado democrático.

Lo que habría, en el fondo, sería una maniobra de represalia por las crónicas de sátira y humor político de Caretas que tenían como personajes a cuadros fujimoristas, lo que habría provocado la ojeriza e inquina de ciertos voceros. Paralelamente, otro congresista naranja, Héctor Becerril, dirigió una carta a la PCM preguntándole cuántos ejemplares de la revista Caretas compraban las entidades del Estado, acción sui generis que revelaría la poca dosis de tolerancia, la mucha de sobrerreacción revanchista desde el poder, y finalmente el ánimo de presionar y amedrentar a las entidades del Poder Ejecutivo…¡y a los medios de comunicación!

¿Cómo se puede calificar a  toda esta seguidilla de actos, sino como un acoso  dirigido específicamente contra un medio crítico e independiente? ¿Qué concepto tienen algunos fujimoristas de viejo y nuevo cuño de la libertad de expresión? ¿Es esto “control político”, como de modo cansado y  repetitivo pretende justificar la mayoría fujimorista cualquier acto reprobable como los mencionados? Pues creemos que no.

Peor aún, actos como esto recuerdan los aciagos tiempos del gobierno fujimorista de los 90 que acosó a los medios y creó toda una superestructura de compra de líneas editoriales por un lado y  afabilidad para los que se alineaban, lisonjeaban o callaba;  mientras por el otro lado amedrentaba política, tributaria y judicialmente a los medios críticos e independientes.

   Costó mucho a los peruanos demócratas superar esa nefasta época para el respeto de los derechos y el libre ejercicio de los principios y libertades fundamentales, como las de información, expresión y opinión. Por lo mismo, tenemos que alertar sobre cualquier  acción o política que nos retrotraiga a tiempos como aquellos, de oscurantismo, acoso o censura; y que no podemos aceptar ni permitir.

  En los últimos días, el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski ha afirmado su creencia y respeto en la libertad de prensa, lo que saludamos. “(en) El Comercio a mí me pegan de vez en cuando, a veces me dan buenos editoriales. Yo creo en la libertad de prensa…” ha dicho.  Por el bien del país y de la gobernabilidad democrática, sería importante un pronunciamiento en el mismo sentido de otro poder, como el Congreso, y de la lideresa del fujimorismo, Keiko Fujimori,  lo que permitiría además una brisa de aire fresco en el cargado clima político, que clama poner fin a la confrontación y construir consensos sobre reformas y políticas urgentes.

P.D. Luego de retroceder en la absurda iniciativa de denunciar a parlamentarios y periodistas por “hostigamiento” (en lo que eran opiniones políticas quizá menos altisonantes que las que ella se permite), y  ¡ante la Comisión de la Mujer!, la congresista Yeni Vilcatoma ha llegado a  deslizar la posibilidad pedir que se levante secreto de las comunicaciones a algunos medios de comunicación por haber publicado información relevante sobre el allanamiento de los locales de Fuerza Popular. Esto, fuera lo anecdótico, sería realmente grave, pues atentaría contra la reserva de la información y el  secreto profesional de los periodistas. Ante esto, pedimos más tolerancia, sentido común y respeto a los principios democráticos en el Estado de derecho. El Congreso no puede ser un recinto que despierte zozobra, sino que debe apuntar a afirmar su peso institucional, su eficacia legislativa y su prestigio democrático… Ni más ni menos.

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