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Contra resonadores e insoportables ruidos urbanos

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La contaminación sonora se ha convertido, luego de la inseguridad ciudadana y la polución ambiental, en uno de los más graves problemas del país, sobre todo en zonas urbanas y la capital, Lima. Afecta la salud, la educación, la productividad laboral y la calidad de vida de las personas.

De acuerdo a recientes denuncias y estudios  realizados en San Isidro, San Borja y Miraflores, las principales fuentes de ruido son las fiestas en viviendas y las alarmas de vehículos, que muchas veces son activadas por otros que, ilegalmente, utilizan los llamados “resonadores” en sus escapes, con consecuencias nefastas.El problema es gravísimo en ciudades amazónicas como Iquitos, Pucallpa y Tarapoto, donde predominan las motocicletas y los motocarros, muchos de los cuales circulan sin silenciador, sin que ninguna autoridad lo haya enfrentado con decisión.

Según el OEFA (Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental) “la contaminación sonora es la presencia en el ambiente de niveles de ruido que impliquen molestia, generen riesgos, perjudiquen o afecten la salud y el bienestar humano, los bienes de cualquier naturaleza o que causen efectos significativos sobre el medio ambiente (…) La exposición de las personas a niveles de ruido alto puede producir estrés, presión alta, vértigo, insomnio, dificultades del habla y pérdida de audición. Además, afecta particularmente a los niños y su capacidad de aprendizaje”.

El problema es, pues, muy serio  y ha sido abordado, de diversas  pero dispersas maneras, por algunas municipalidades, pero hasta ahora con magros resultados, en desmedro de la tranquilidad y salud de los vecinos.

INICIATIVAS DISPERSAS

Por ejemplo, en San Isidro, de las 1.695 denuncias ambientales que recibió la municipalidad durante el 2016 y el 2017, casi el 70% son generadas por actos y comportamientos de los vecinos. El otro 25%  es por ruido de las alarmas de los carros que suenan por estar mal calibradas. En tanto, en San Borja se reciben entre diez y doce quejas por ruidos molestos generados por fiestas en zonas residenciales. En Miraflores, el 63% de denuncias es por alarmas de vehículos, 26% de viviendas y 11% de locales industriales.

Algunas municipalidades, como la de San Isidro, Miraflores y San Borja han dispuesto multas de una UIT (S/4.050), 0.5 UIT y 30% de UIT, respectivamente,  para quienes ocasionen ruidos durante una fiesta, luego de elaborar un informe técnico, lo que toma mucho tiempo. Ahora se ha ideado un protocolo más simple, pero igualmente no se ha podido detener el grueso del problema.

Varios factores contribuyen a agudizar el problema. Primero, la falta de acción de las juntas de propietarios de los edificios, que deben incluir en sus reglamentos la sanción a los ruidos molestos de los vecinos. Luego, la falta de adecuada calibración de las alarmas de los vehículos, lo que las hace muy sensibles a activarse con cualquier ruido. Asimismo, la malsana costumbre de algunos conductores de colocar resonadores en los escapes de sus vehículos, y motociclistas que retiran el silenciador a sus motos, cuyo accionar deja a su paso la activación de varias alarmas.

PROTOCOLO Y ACCIÓN PRONTA

Finalmente, y no menos importante, es la falta de un protocolo nacional para medios los ruidos, lo que da lugar a criterios antojadizos y a veces subjetivos para atacar el problema.

A través de diversos estudios, la OEFA ha señalado los distritos de mayor nivel de ruido y apuntado observaciones y recomendaciones  que aún no son cumplidas a cabalidad (https://www.oefa.gob.pe/?wpfb_dl=19087).

El Ministerio de Transportes, así como del Interior y la Policía Nacional, junto con los alcaldes, tienen que dar prioridad a la solución de este grave problema.  Algunas pocas alcaldías han sido exitosas en campañas para evitar tocar el claxon, pero definitivamente queda mucho por hacer para desterrar la altísima contaminación sonora, incluyendo la extirpación de los resonadores y tubos de escape sin silenciador. 

 Por lo pronto, junto con la Policía Nacional, podrían articular iniciativas para hacer más drásticas las sanciones contra los ilegales resonadores en autos y motocicletas (incluidas las que hacen “delivery”),  y paralelamente iniciar campañas para detectarlos y multar a sus conductores y propietarios, lo cual es relativamente fácil porque son muy visibles. La tranquilidad y la salud de todos está en serio riesgo.

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