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Cuentos de viajeros: el Parnaso VI, por Elvira Roca-Rey

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 Foto: panoramio.com

Penetramos en la región de Fócida por una carretera que me recuerda un poco las que solía recorrer por los Andes peruanos, de interminables curvas pero con soberbias vistas. Nos encontramos en el centro de la península balcánica en medio de níveas montañas cuajadas de pinos y de cedros, como la pista está helada vamos despacio para mi placer, así puedo observar a los negros cuervos sobre el manto inmaculado y a las urracas hurgando en la roja tierra de Fócida, frente a nosotros se yergue el sagrado Monte Parnaso, la visión de sus cumbres purifica mi alma. Así nombrado porque Parnasos, hijo de Poseidón, fue quien fundó el oráculo de Delfos antes de que el dios Apolo decidiese erigir su templo sobre la tumba de la serpiente Pitón, fue entonces que las Musas cambiaron su residencia del Monte Heleikón para instarse aquí atendiendo la invocación de Parnasos.  Puesto que Calíope - musa de la poesía épica - y Erato - musa de la poesía lírica y amorosa - residen hasta ahora en la ladera oeste junto con sus siete hermanas, es que esta montaña es considerada patria simbólica de los poetas

Desde este punto podemos admirar la hondonada cubierta de olivos y prados silvestres donde apacientan los rebaños, el paisaje se ondula suavemente creando un fantástico juego de luces y de sombras allí abajo. Esta es la “Grecia sólida y firme”, desde estas alturas se domina toda la región oriental, estamos al norte del Golfo de Corinto, un poco más lejos podremos ver el mar. Ahora observo a los buitres revoloteando en el azul y las faldas del nevado sembradas de abetos, en su cima habita el águila real y dicen que los lobos bajan del Monte Pindo en los inviernos al acecho del rico ganado ovino de la zona. Su pico Liákoura que alcanza los 2.457 m. es lugar de encuentro de los escaladores, arriba hay una estación de esquí muy solicitada. Hemos llegado a Arajova, un pueblito encantador, todo de piedra, colgadas ante las tiendas coloridas alfombras de piel de cordero, la especialidad local es la carne de éste, ya estamos sentados, también hemos pedido papas con queso de cabra al horno, y vino tinto ¡claro! En Grecia los hay muy buenos.

La tipología de los rostros nativos es algo notable, sin embargo los miro con recelo pues los fócidos se portaron innoblemente en la batalla de las Termópilas durante la cual mostraron una conducta fluctuante. Al inicio formaron parte de la liga helénica liderada por Atenas pero perdieron su posición debido a su dudoso proceder, y es que a pesar de los siglos yo me declaro inflexible en cuanto a mi fidelidad hacia el titánico Leonidas y sus aliados.  Posteriormente terminaron por unirse a las fuerzas persas en la batalla de Platea, ciertamente su actitud fue vengativa ya que Atenas había apoyado a Tesalia para arrebatarles el oráculo de Delfos, recién bajo la tiranía de Hipias lograron recuperar la hegemonía sobre el sagrado oráculo, pero 50 años después los Atenienses volvieron a apoderarse de Delfos. Como todas las regiones se hallaban enfrentadas entre sí, durante la guerra del Peloponeso Fócida terminó por ser la incondicional aliada de Esparta, el peor enemigo de Atenas, para terminar siendo sometida por Tebas y finalmente por Filippo II de Macedonia.

Le pido a Wojtek que detenga el coche en este meandro del camino porque en la antigüedad todo peregrino paraba aquí, en las estribaciones rocosas de la ladera oriental del Parnaso, para purificarse antes de entrar en Delfos. Esta es la cristalina y sacrosanta Fuente Castalia en la que las Ninfas se bañaban, situada entre el Templo de Atenea Primordial cuesta abajo y el Templo de Apolo cuesta arriba. Todavía quedan restos del pequeño recinto dedicado a las abluciones, me preparo para el ascenso al Oráculo, lavo mis manos en el chorro helado que brota de la roca.

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