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Cuentos de viajeros: Hungría V

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Dejo a mis espaldas las calles del barrio del Castillo con la melancolía de una niña que abandona un cuento de hadas, lo más probable es que no pueda volver nunca. De nuevo nos dirigimos hacia el río y llegamos a las Termas de Géllert, al pie del monumento al monje sacrificado. Ahora estamos cruzando por otro puente de regreso a Pest, la cual representa el impulso de la industria y el centro neurálgico de la economía, pero aquí también está presente el poder ejecutivo, y especialmente el legislativo con el majestuoso Parlamento. No se puede dejar de visitar la Opera, el Museo de Bellas Artes, el de Literatura y muchos otros museos; legendarios Hoteles de lujo, palacios y grandes avenidas con fastuosas residencias. ¡No hay duda de que Pest es una joya de ciudad!

Hemos llegado al VII arrondissement, a la entrada del barrio judío. La colonia ashquenazi en este país es muy antigua y numerosa, además los judeo-húngaros abundan en USA y otros países centro y nor-europeos. Hay tres sinagogas, todas ellas imponentes, están activas y ofrecen visitas a su museo, la más antigua es a mi gusto la más hermosa, pero la más importante es la de Dohány utca, construida por el arquitecto vienés Ludwig Förster entre 1854-1859, inspirada en el Alhambra, es también un edificio muy bello, la más grande de Europa y la segunda del mundo, con capacidad de acogida para 3.500 personas. Fue durante la 2da Guerra Mundial que el ghetto judío quedó establecido en torno a esta sinagoga, el patio trasero que da a la calle ha sido designado como “Memorial de los Mártires” en honor a las 600.000 víctimas del nazismo, de pie frente a él siento que me recorren escalofríos, al mismo tiempo no puedo evitar pensar en el bélico Netanyahu.

Hemos almorzado en un restaurante muy exótico, un raro experimento gastronómico sefardí-ashquenazi: “Mediterráneo-Cáucaso”. Nos apetece seguir vagando y Mariann decide conducirme hasta un establecimiento completamente estrafalario. A un grupo de jóvenes emprendedores se les ocurrió apoderarse de las ruinas de un conjunto de casas de dos pisos abandonadas, convirtiéndolas en un divertido lugar de esparcimiento. Está dentro del ghetto judío, hay salitas de conciertos y una infinidad de bares en el interior de las ruinas y en al patio. Los viernes quitan las mesas de los patios y convierten todo en un mercadillo de verduras mientras que los locales siguen con su música y servicio de bar. Tiene un ambiente fenomenal, no encuentras fácilmente asiento, la decoración es de lo más inesperada y kitch que puede haber, es ridícula y graciosa, con mucha imaginación, una mezcolanza espontánea de todas las épocas y estilos, los clientes aportan lo que se les antoja y lo cuelgan, es sobrecargada, surrealista, y de ahí su encanto, por todos lados grafitis, todo mueble que han botado a la basura, todo artefacto inútil, forma parte de la original decoración.

Esta mañana vamos en el coche de Mariann hasta un barrio muy curioso, se llama Wekerle-telep, o Wekerle estate pues era un suburbio que quedó recién anexado como el XIX arrondissement en 1950, debe su nombre al Primer Ministro húngaro que tuvo la idea de construir viviendas para los empleados gubernamentales a “escala humana” (todas con un pequeño jardín) y lo logró. Entre 1908 y 1925 se construyeron 1007 grandes casas comunales conteniendo 4.412 apartamentos destinados en gran parte a los trabajadores del ferrocarril, creo que Mariann me dijo que fue un ingeniero británico, por eso muchas casonas tienen aires de english cottage. Todo un ejemplo a seguir el de Sándor Wekerle, no todos los Primeros Ministros actúan erróneamente, algunos dan en el clavo. Es tan frondoso y bonito, incluso se plantaron miles de árboles frutales, es muy extenso, en el centro hay un parque y una plaza mayor con enormes puertas de entrada, con rejas que nos recuerdan la entrada a los pueblos de la edad media, tal cual en los cuentos de hadas, una vez más. 

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