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Cuentos de viajeros: Hungría VI

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Ayer vino a almorzar la familia de Mariann, tiene tres hijos encantadores y de su hija tiene una nieta, un bombón llamado Malinka. Los días se acortan, Mariann se ha marchado a su trabajo temprano, esta tarde voy sola hasta el embarcadero, el pequeño  transbordador público va haciendo zigzag entre ambas márgenes del río, desembarco en la Isla Margarita que es un vergel gigante. En realidad es una isla artificial formada por tres islas, en el siglo XIII era el lugar de descanso de la corte, se llama así por Santa Margarita, la hija del rey Bela IV quien mandó construir un convento dominico para ella, y aquí  estoy contemplando los restos de sus muros y capilla. No olvidemos que fue este rey quien enfrentó la invasión de los mongoles. Actualmente se puede disfrutar de un parque de agua público con spá de aguas termales, hay también un zoo. Detrás del Hotel Marriot descubro un jardín japonés con estanques cuajados de flores de loto, peces, patos, tortugas y lugareños paseando placenteramente. Más lejos un anfiteatro, un jardín de rosas y un parque  amplísimo rodeado de flores donde juegan los niños con sus perros. Veo hombres a la obra, me dicen que van a talar parte de su arboleda para construir clubs de tenis privados ¡Pero si es un espacio público! reclamo indignada, es el gran pulmón de la ciudad, ¡Pecado capital! A la hora del ocaso el río cambia de color, estoy sentada en un banco bajo un señor árbol observando su color púrpura. Espero el próximo transbordador para poder disfrutar del incomparable espectáculo de ambas riberas reflejadas en sus aguas.  ¡Inolvidable noche la de Budapest con luna llena sobre el Danubio!

Bajo en el Puente de las Cadenas y recorro el malecón para encontrarme con mis amigas, hemos quedado para ir a un concierto de música africana en un bar cercano al desembarcadero, pero no aguanto los altavoces así que decidimos dirigirnos al lago que queda cerca de la casa de Mariann. En este enorme parque también están de obras, hay muchos viejos y hermosos árboles condenados a desaparecer, quieren edificar un museo ¡o yo qué sé! La tala de árboles, la fiebre de la construcción, la privatización de los espacios públicos y la coima de los alcaldes es una epidemia universal. Un castillo mágico se refleja en las aguas del lago, es de piedra con torres que terminan en agujas ¡tan estupendamente iluminado! Sigo anonadada cuando de repente descubro una mezcla de épocas imposible de aceptar, un verdadero galimatías arquitectónico, junto al castillo medioeval una capilla gótica “flamboyant” y más allá una portada barroca, mi amiga se ríe de mi expresión y me dice “is fake”. Se trata de un invento al estilo Disney, aunque construido con mucho cuidado, cada edificio en piedra es copia exacta de determinada época, es obvio que han traído a los más expertos arquitectos y artesanos.  Al encontrar el gran arco de la entrada hubiese jurado que el Vajdahunyad Castle era un auténtico castillo medieval, aunque algo decepcionada no puedo negar que se trata de una obra colosal y que me sigue gustando por su carácter teatral de castillo encantado.

Poca cosa queda de auténtico de la Edad Media, aunque se puede apreciar una importante infraestructura de edificios esparcidos que reproducen esa época. Por tratarse de un periodo significativo para esta nación creo necesario refrescar nuestra memoria: en el siglo XIII el gran Imperio Mongol entraba por Europa Oriental, invadiendo todo territorio a su paso desde el Asia Central. El rey Bela IV había recibido las amenazas de los nietos de Gengis Khan, quienes contaban con un ejército muy superior al suyo y estaban acampados en las puertas de su reino, concretamente en Transilvania. Finalmente sus aliados se fueron retirando ante la inminente conquista y Hungría quedo sola al descubierto. En la batalla de Mohi en 1241 las fuerzas húngaras quedan derrotadas, Bela ordena la retirada pero el cruel mongol manda ahogar en el río a los soldados que huían, es Batu Khan, amo de un vasto imperio al que acababa de anexar a Hungría.

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