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Durmiendo con el Anticristo

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Muchos de nosotros mantenemos la mala costumbre de irnos a descansar con el ordenador, la tablette o el smartphone de compañero en nuestra cama. Una cabeceadita antes de apagar la luz, una ojeada a las noticias que dan sueño (debido al tedio que producen de antemano los sucesos previsibles, ya que sin excepción son “pésimamente malas”). O mejor una peli, que también nos adormecen porque las actuales son casi todas idénticamente aburridas. Y es en los brazos del robot que nos dejamos vencer por una especie de sueño cibernético, sin tomar consciencia de los peligros del árbol paradisiaco al que nos hemos abrazado.

La “inteligencia artificial” es el summum alcanzado por el hombre, la respuesta a todas las incógnitas, la amalgama total, la ciencia en vías de desarrollo más contundente que jamás haya existido. Al reconocer que se trata apenas de la etapa embrionaria del nuevo fenómeno la que estamos viviendo, podemos visualizar el futuro inconcebible de interacción dinámica que podríamos alcanzar, la infinita gama de sistemas virtuales, es decir un sinfín de probabilidades para el devenir de la humanidad. Particularmente a partir de la anhelada computadora cuántica que próximamente pasará a su fase comercial. Así también en la bola de cristal de nuestra imaginación aparece simultáneamente un universo paralelo de contingencias. Obviamente Einstein tenía que entregarnos la teoría de la relatividad, es un Prometeo moderno que le ha robado el fuego a los dioses para beneficiar a los hombres, a pesar de que con toda seguridad se lo debe de haber pensado dos veces antes de hacerlo, pues supongo que conociendo el alma humana consideró el riesgo que esto conllevaba. No tardó más de unos días con sus noches para que los amigos de la muerte inventasen la bomba atómica (la cual  representa un mínimo porcentaje de devastación frente una bomba de neutrones), y quién sabe qué infiernos de combustión llegarán a producir mis congéneres a partir del celestial fuego que nos regaló Prometeo.

Soy la primera en reconocer que ya no puedo vivir sin mi ordenador, el cual alimenta nuestra inteligencia. Y en declarar que gracias a las redes sociales millones de personas obtenemos incalculable conocimiento y cultura. Y todo tipo de beneficios al  establecer nexos fundamentales entre continentes. Que gracias al sistema se está logrando colaborar en todo sentido en buen provecho del individuo y de las comunidades. Que previenen peligros y desastres naturales salvando nuestras vidas, y que en un sinfín de aspectos nos mantienen perennemente notificados. Pero también declaro que las mismas empresas intervienen en las campañas electorales, desestabilizan democracias cambiando el destino del mundo, y tanto comercializan cabezas nucleares como cabezas humanas, y demás hierbas como ya todos saben. ¡El sempiterno lobo disfrazado de oveja! Hoy en día ni los ermitaños se libran del control que ejerce el establishment gracias al sistema satelital y a todas las bondades que nos ofrece el cyber espacio.

Recién los máximos responsables de las principales redes sociales - Facebook, Google y Twitter - han sido citados por la Cámara de Representantes del Senado de los Estados Unidos a declarar sobre la injerencia rusa en el último proceso electoral americano. Para colmo las mismas empresas que han dejado filtrar la conspiración dirigida por el Kremlin nos informan que existe un ejército activo de 8.000 hackers rusos inmiscuidos entre sus redes, trabajando sin descanso en la desestabilización de las democracias occidentales. No hay duda de que esto es lamentablemente cierto, sin embargo, no nos dan datos relativos al ejército de hackers occidentales que filtran noticias falsas a través de sus firmas. He leído que Facebook tiene en su haber 28.000 millones de dólares, no creo que a  Zuckerberg le queden días en esta tierra para poder gozarlos, yo que él con tremendo capital acumulado ya hubiese emprendido la campaña para salvar de la desforestación a la Amazonía.

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