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El Perú está primero: hora de restañar heridas y consensuar

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Foto: peru21.pe

Un país electoralmente partido en dos y  con extrema urgencia de recuperar la serenidad, reconciliar y trabajar juntos para salir  adelante. Esta es la principal lección que nos deja el reciente proceso. Tenemos nuevo presidente: Pedro Pablo Kuczynski. un destacado economista  de renombre internacional y con larga experiencia de gobierno,  toma la posta del país en una gratificante cuarta transición democrática, pero  en una compleja coyuntura política, económica y social.

Ha sido una campaña bastante dura, confrontacional y agresiva, que  obviamente dejó  heridas en los bandos contrincantes. Pero, por el bien del Perú, estas tienen que restañarse cuanto antes, pues el mandato ahora es asegurar  la gobernabilidad, para lo cual  son  condiciones indispensables el diálogo y el consenso. De nuevo y a acomodarse.

Hay otros factores que abonan para ello: primero, la victoria de  PPK fue por una conjunción de fuerzas diversas que se sumaron a su partido en la segunda vuelta con ánimo de ponerle freno a lo que consideraban “un mal mayor”; es decir ganó el antifujimorismo antes que la adhesión a un partido o programa de gobierno como hubiera sido lo deseable.  La izquierda, sobre todo, que se había enfrentado duramente a PPK en la primera vuelta terminó sumándose pero prometiendo que, “desde el primer día” de gobierno será oposición.

LA GRAN RESPONSABILIDAD DE FUERZA POPULAR

 Luego, es indudable que, si bien  tenemos un sistema presidencialista lo que permite un amplio margen de maniobra,  en el Poder Legislativo la mayoría casi absoluta la tendrá Fuerza Popular, del partido de  la contricante perdedora, lo que le asigna gran poder en el manejo y fiscalización de la cosa pública.

Esta es una prueba de fuego y una gran oportunidad para que este partido ratifique su compromiso y convicción democrática, cuestionada en la reciente  elección, y deslinde definitivamente de su pasado autocrático. Para ello tiene que colaborar con el Gobierno en una agenda programática a la que deben ser convocadas todas las fuerzas políticas.

Vale recordar, en este momento, las varias promesas de la candidata Fujimori, en la reciente campaña, en caso de ser elegida. Lo mismo debe regir para su grupo parlamentario, en el que tiene hasta ahora notable ascendencia: “Respetaré la independencia de poderes. No usaré el poder político para beneficiar a ningún miembro de mi familia y encargaré a la oposición las comisiones de fiscalización y de inteligencia del Congreso”. Asimismo, dijo: “Buscando la reconciliación y el futuro del país me comprometo al respeto del orden democrático y los derechos humanos. Respetare y protegeré las libertades de prensa y de expresión". Es hora de pasar de las promesas a los hechos.

HILAR FINO EN EL CONGRESO…

Relacionado con esto, es un hecho que la mitad del país ha votado por una opción distinta, la del fujimorismo, y merece el debido respeto dentro del Estado democrático, donde se gana por un voto pero tiene que respetarse a la oposición y las minorías.  Entonces, no solo hay razones pragmáticas y de gobernabilidad para buscar consensos con el fujimorismo y otros grupos, sino también principistas y esencialmente democráticas.

 En el Congreso el partido de Gobierno debe hilar muy fino para logar apoyos de las bancadas congresales, sin caer en los extremos  del pasado de alianzas forzadas que caían en el  aborrecible “toma y daca”, que era una aberración de la ´real politik”.

En el Poder Ejecutivo obviamente el presidente elegido tiene la prerrogativa de escoger a su Gabinete, pero sería saludable que, como ha habido en otros gobiernos, prime en su escogencia no solo la lealtad política de sus allegados sino la competencia técnica de otros profesionales independientes o de otros partidos. 

SERENIDAD Y TRANSFERENCIA

Sin embargo, empieza ahora un nuevo partido. Faltando tan poco tiempo para el cambio de gobierno, no hay tiempo que perder para iniciar el proceso de transferencia. Es de esperar del gobierno saliente una actitud de plena colaboración, lo que no es ninguna concesión sino un deber democrático.  Con tantos ministerios y entidades públicas la labor será bastante ardua para la cortedad de tiempos.

            En el mismo sentido, dado que más del 70% del Presupuesto Estatal es manejado por los gobiernos regionales y municipales, la idea de un ministerio para las regiones suena interesante, pero demandará igualmente un gran esfuerzo para hacer entender esta nueva visión del país. La premisa fundamental es que el proceso de descentralización, tal como está, no puede continuar con todas sus taras e ineficiencias; y exige una revisión completa desde su marco normativo y la interacción con los diversos sectores, hasta los procesos de planificación y factibilidad.

¡REFORMA ELECTORAL YA!

Finalmente, este proceso nos deja otra lección relacionada con el propio sistema electoral, lo que habíamos llamado la atención desde esta columna y que ahora ha sido advertido también por los observadores locales y foráneos.

No queda duda: queda mucho por hacer para afiatar el sistema, sus procesos y sus calendarios.  Para empezar, resulta sumamente tedioso y malsano no solo el largo tiempo entre la primera y la segunda vuelta, sino también para dar los resultados oficiales definitivos, lo que debe corregirse.

Han sido  largos días y horas de incertidumbre, nerviosismo,  y de agonía para muchos luego de un ‘flash´electoral demasiado ajustado, los que hemos debido esperar para que  la ONPE proyecte cifras cuasi estabilizadas de votación confirmando un ganador. Así como debe evaluarse las ventajas del voto electrónico, los técnicos aconsejan evaluar formas confiables  de transmisión digital de las actas, con el fin de reducir el tiempo de espera y dar resultados rápidos.

Asimismo, en un sentido más amplio, lo que es una deuda pendiente del Congreso de la República, debe abordarse la reforma electoral de una manera más seria e integral. Allí tiene que revisarse el sistema de tachas, retiros, renuncias y exclusiones, así como los plazos para todos los procedimientos, de modo que se respete la voluntad popular, los derechos de todos los participantes y la seguridad jurídica. Atención especial debe merecer el tema del financiamiento de los partidos, para evitar que fuerzas oscuras del narcotráfico, la minería ilegal u otras infiltren los partidos y deslegitimen la democracia.

Empieza una nueva etapa en el Perú, que exige la participación de todos. No se trata solo de acelerar la dinámica económica y disminuir la pobreza extrema, sino también de poner en marcha un plan efectivo y urgente contra la violencia criminal, así como para luchar contra la corrupción.

No más sangre en el ojo. Es hora de trabajar unidos. De aquí a cinco años, cuando lleguemos al  Bicentenario de vida republicana, el futuro debe encontrarnos en una sociedad más próspera, inclusiva,  integrada y con igualdad de oportunidades, encaminada a dar el salto al mundo desarrollado. ¡Del nuevo Gobierno, del nuevo Congreso, de  las fuerzas políticas y la sociedad civil,  y de cada uno de nosotros depende!

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