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El Presidente Xi Jiping distingue la obra intelectual de un peruano, por Elvira Roca-Rey

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Foto: china.cn

Me parece que deben de haber pasado casi 30 años desde que nuestro fiel amigo el poeta y ensayista peruano Ricardo González Vigil tuvo el acierto de presentarnos al “fratello”. Así lo llamábamos entre amigos al reconocido sinólogo Guillermo Dagnino Ribatto (Dañino en su versión peruana), porque siendo de origen italiano y hermano de la orden de La Salle, y en virtud de la sincera humildad que lo caracteriza, no podía haber sido apodado con otro título mejor que el de “fratello”. Desde entonces hasta la fecha hemos mantenido estrecha e inquebrantable amistad dentro de este círculo de incorregibles conversadores, casi siempre compartiendo un chifita.

Desde que lo conocí “il fratello” se demarcó intelectualmente de manera notable gracias a su perseverancia en la construcción de una obra monumental que ha tomado completa posesión de su vida, la cual vincula al país asiático con el Perú. Hace casi cuarenta años que nuestro amigo llegó a la China siguiendo los pasos de San Francisco Javier, quien llegó a la isla de Sangchuan con la idea de evangelizar China y murió allí en 1552 apenas empezada su labor. Pues nuestro personaje tuvo un destino más próspero que el misionero jesuita: no sólo consiguió mostrar sus habilidades pedagógicas durante casi cuatro décadas, primero en la Universidad de Nanking donde fue enviado por su hermandad religiosa, y más adelante en la de Beijing, ciudad que andando el tiempo se convertiría en su segunda patria; sino que además con su innata lucidez y fuerza de voluntad ha logrado consolidar un riquísimo legado en lengua castellana para la posteridad interesada en la ciencia lingüística de la sinología y en todo lo relativo a la literatura y cultura de la China.

Recuerdo algunos detalles que él mismo me contó hace muchos años pero que impresionaron mi ánimo por su veracidad. Tenía entonces cincuenta años, y a esa edad ya no se siente uno tan joven como para aprender la dificilísima lengua china, pero él se lanzó hacia el fondo de la sinología como quien se lanza al vacío. No conocía a nadie al llegar, pero pronto se hizo de compañeros lugareños a pesar del obstáculo lingüístico, también encontró compañeros peruanos allí, amigos entrañables a quienes frecuenta todavía. Al principio vivía en el Hotel Internacional, en esa época la comunidad de estudiantes extranjeros residente en este legendario albergue procedía de todos los continentes, así fue que desde el inicio Guillermo supo establecer una red de amistades a nivel mundial. Haciendo caso omiso del gélido invierno pequinés y de los escasos recursos económicos con los que contaba al principio, nuestro protagonista se faja bien el cinto, aprende chino y cumple con su misión evangelizadora, en este punto casi 40 años atrás había que superar más de un obstáculo, tanto con las autoridades como con los propios alumnos y ciudadanos opositores a su misión. Pronto se da el lujo de convertirse en actor de cine chino cubriendo personajes extranjeros algo novelescos, filma decenas de películas, ¡y viaja por toda la China!

Vuelve a Lima para dictar cátedra de sinología en la Pontificia Universidad Católica del Perú, aunque periódicamente regresa a Beijing donde imparte cursos, empieza sus traducciones al castellano, escribe sus poemas, e inicia su especialización en literatura antigua y contemporánea de la China. Ya han pasado varias décadas, los viajes entre este país y Lima se han sucedido incontables, los alumnos que aprendieron el español y los libros que escribe también lo son. Nuestro compatriota, de quien deberíamos estar todos orgullosos por su proeza, ha publicado hace poco una colosal “Enciclopedia de la cultura china”, como la guinda que corona el pastel, después de haber editado su propia poesía inspirada en los poemas clásicos de la dinastía Tang, al margen de un grueso diccionario y de una alta pila de volúmenes sobre poesía y prosa china de diversas épocas.

Nunca olvidaré sus visitas a nuestra casa, pues como buen trujillano acostumbraba a pasar algunos días en Huanchaco, allí hace años atrás mi esposo y yo en más de una ocasión pudimos disfrutar de su sapiencia y de su alegre compañía. No me sorprende pues que a sus 87 años y merced a su carisma Guillermo Dañino le haya caído simpático al Presidente Xi Jiping, presente en la cumbre Asia-Pacífico, quien como agradecimiento por la importante labor cultural realizada decidió hacerle honor al mencionarlo en su discurso en el Congreso de la Nación, (según nos informa el 22/11 el periódico Xinhua, que edita en nuestra lengua la Agencia china de Lima).

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