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¡Estamos con Venezuela: no a la dictadura de Maduro!

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Nadie puede ser ajeno a la violencia, los asesinatos y la terrible descomposición democrática en Venezuela. Las últimas acciones del régimen de Nicolás Maduro lo pintan de cuerpo entero: él y su  cogollo de civiles y militares que lo sostienen no tienen ya ningún escrúpulo en disimular, se han quitado la careta y se presentan, sin vergüenza,  como una dictadura intolerante y represiva, que tarde o temprano tendrá que caer.

La lucha de los venezolanos tiene que seguir, ahora con más apoyo de la comunidad internacional que ha reaccionado con estupor y más firmeza ante la tozudez de un grupúsculo que ahora último ha sacado de la manga la idea de la “asamblea constituyente”, que de democrática no tiene nada y es un absoluto fraude. Ello solo para defenestrar el último resquicio de la oposición democrática, el Congreso legítimo y legal elegido por la mayoría ciudadana, e  imponer una “asamblea constituyente”, cuya legitimidad es totalmente cuestionable y solo serviría para justificar la permanencia de un gobierno tan ilegítimo como represor, cuyas fuerzas militares y paramilitares han asesinado a más de cien personas, la mayoría de ellos jóvenes estudiantes.

Desde acá rechazamos absolutamente la retórica farisea y maniquea de Maduro, que pretende dividir al mundo entre, por un lado, los que defienden su régimen y, por otro lado, los que apoyan las sanciones impuestas por Estados Unidos y otros países, como el Perú, que rechazan los abusos de su régimen. Aquí no estamos entre quienes apoyan a Maduro o apoyan a Trump, sino entre quienes se aferran al autoritarismo, la corrupción, el abuso y el asesinato de inocentes, que recusamos; y los que amamos la democracia, la libertad y la vida. Sí es momento de definiciones y de que los políticos de izquierda, también en el Perú, demuestren de qué lado están.

Como dice un buen amigo venezolano, no es momento de  lamentarse, sino de seguir en las calles y luchar con el ejemplo. Es  hora de reflexión, de análisis y de entender cómo llegamos a dónde estamos. Recordemos que en un momento no todos los actores se hicieron presentes  y muchos usaron  la frase del famoso filósofo venezolano, “como vaya viniendo, vamos viendo”. Y tengamos en cuenta también que muchos venezolanos que hoy se enfrentan, en su mayoría o piensan distinto o simplemente tienen miedo y esto lo capitaliza la banda de delincuentes que tiene al país secuestrado.Estos  se escudan detrás de los humildes y de los que menos tienen poniéndoles al frente con engaños explotando su hambre, necesidades e ilusiones. Desde hace mucho tiempo se hizo poco por sacar a los venezolanos de la ignorancia a través del conocimiento, pues es más fácil gobernar a una masa ignorante que se sentirá satisfecha con poco, que gobernar a un pueblo educado en sus derechos y obligaciones.

¿Sobre qué temas baso Chávez su estrategia para ganar en el 98 y mantenerse en el poder? Pues en la marginalización, la pobreza y por supuesto la corrupción, de la que se aprovecharon quienes tomaron el poder para enriquecer sus bolsillos y que hoy se niegan a dejar sus prebendas.

El camino por delante  no es fácil, y demanda convicción democrática,  unión y solidaridad para construir un país en el cual la sociedad, sus derechos y sus ventajas tengan prioridad sobre el yo. Y como también dice mi amigo venezolano “tenemos esta  cultura inmersa en nuestro ADN. Aunque mi primer antepasado llegó a Venezuela desde el País Vasco antes de 1792, nací en el momento de una de las tantas revoluciones que vivió nuestra querida Venezuela. En los últimos días al fracasar el dialogo que suspendería la Constituyente, pensé que lo mejor era irme ante el futuro incierto que se vislumbraba. Sin embargo, decidí quedarme: se lo debo a mis antepasados, a mis hijas y nietos, a mis amigos y conciudadanos”.

Estamos con Venezuela, que  necesita del apoyo y solidaridad de la comunidad internacional, y del Perú que ha asumido un papel gravitante en la región, para que finalmente triunfe la causa democrática y se ponga fin a un régimen tan brutal e intolerante como el de Maduro, que cada vez se parece más a una dictadura que el mundo democrático en su mayoría repudia.

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