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F. Castro y el descalabro del socialismo latinoamericano

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Foto: diariocorreo.pe

No queda duda del nefasto legado que deja, para su país, América Latina y el mundo,  el dictador Fidel Castro.  Podrán decir sus incondicionales y pocos admiradores que sobrevivió a varios intentos de homicidio y  a 10 administraciones estadounidenses, así como que conoció a tres Papas, etc. Pero, difícilmente podrán negar que victimizó de modo inmisericorde a millones de cubanos, muchos de los cuales fueron fusilados, reprimidos o encarcelados por disentir, o   tuvieron que huir, y lo siguen haciendo, hastiados de la represión, la pobreza y el hambre.

“Fidel deja en Cuba y el continente su reflejo del sueño de justicia social que desembocó en tiranía, sangre y miseria”, resumió magistralmente,  al conocer del fallecimiento de Castro, el ex presidente colombiano Andrés Pastrana. Estamos de acuerdo. 

Efectivamente, el brote revolucionario de la década del 50 en Cuba liderado por Castro generó inicialmente simpatías, pues se alzaba contra un régimen dictatorial, abusivo y corrupto, como el de  Fulgencio Batista. Incluso varios políticos latinoamericanos y personalidades del  ‘boom latinoamericano’, apoyaron abiertamente la insurrección, algunos incluso hasta cuando derrapó en dictadura impresentable. Según el grupo Cuba Archive, Castro debe responder por más de 3,000 ejecuciones documentadas y más de 1,100 extrajudiciales, lo que es realmente espantoso y aberrante. 

“NO LO ABSOLVERÁ LA HISTORIA”

No es el caso de nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa, quien en su juventud apoyó el régimen revolucionario, pero pronto se desencantó al comprobar el grado de tiranía y opresión contra la libertad y los derechos humanos del castrismo. Ahora mismo, parafraseando un lema del sátrapa, Vargas Llosa ha declarado que “A Fidel Castro no lo absolverá la historia”.

Con Castro  en el poder los sueños de libertad se convirtieron en una pesadilla para los cubanos y para América Latina, con una dictadura enquistada que se niega a ceder espacios a la libertad y que machaconamente le echa la culpa de su fracaso al embargo económico impuestos por Estados Unidos, y al “imperialismo”.

¿Cómo va a absolver la historia, en sentido figurado, el fracaso estrepitoso, político, económico y social, del experimento comunista en Cuba que  ha sido devastador dentro y fuera de la isla? Si Cuba sobrevive a duras penas hoy no es, en absoluto, porque el modelo comunista haya funcionado sino, primero por las subvenciones del régimen comunista soviético; luego por el apoyo de los petrodólares del régimen venezolano; por las remesas de los cubano-estadounidenses envían a sus parientes; y principalmente por la forzada apertura al capitalismo hotelero, al que obligan a asociarse con la cúpula político-militar del régimen cubano. 

A ello habría que añadir, no menos importante, el férreo aparato represor y propagandístico, que aplica mano dura y castiga a muerte la disidencia; promueve el partido único; reprime la libertad de prensa y de opinión; y ha tenido el mismo presidente, con un absurdo y despreciable culto a la personalidad, por más de 50 años y que, ante su apartamiento temporal, puso en el cargo a su hermano Raúl. 

PERVERSO  EXPORTADOR DEL ‘MODELO’ OPRESOR Y FRACASADO

 ¡Qué socialismo es este, tan contrario a los preceptos socialistas  y democráticos! Cayó el Muro de Berlín, se dio  la ´perestroika´ (que no ha tenido un seguimiento pleno y continúa un régimen de “hombre fuerte” en Rusia), pero Cuba se resistió al cambio. Como reseña el politólogo Andres Oppenheimer, los arrestos documentados se han disparado de 6,424 en el año 2013 (hace solo tres años) a 9,125 en lo que va de este año.

Peor aún, como lo trató de hacer luego su delfín Hugo Chávez, Fidel Castro intentó exportar su modelo socialista anacrónico y fracasado, que alimentó y apoyó a “guerrillas” terroristas y seudo revolucionarias en América Latina, con enorme costo en violencia, muerte, confrontación política y atraso. Más que convencimiento ideológico, aquí parecería haber habido una coincidencia de intereses politiqueros y económicos, en que finalmente muchos grupos terminaron aliándose con el narcotráfico, como socios de los cárteles de la droga o como vulgares mercenarios.

Esperemos que la muerte de Castro marque un punto de inflexión en el régimen cubano, pero siendo realistas diremos que mucho de esto dependerá más  de la política exterior del nuevo gobierno estadounidense  de Donad Trump, pues el controvertido acercamiento de Barack Obama no propició los cambios esperados en Raúl Castro, que sigue vivo y es considerado como un sanguinario opresor.

 También que  nuestra izquierda local haga una profunda reflexión y  autocrítica, que la lleve a reformular su doctrina y su programa. Tiene que aprender y aceptar que el socialismo extremo al modo castrista  es lo más contrario a la democracia y solo lleva al fracaso, la corrupción y los más alevosos crímenes contra los derechos humanos.

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