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La de un hilo suspendida "República de Cataluña"

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Barcelona tiene al mundo entero en un suspenso de película de terror. Y tal como se la han montado parece que todo depende de un solo hombre: Puigdemont. Quien con su ambigua respuesta concerniente a la declaración independentista sigue manteniéndonos pendientes en medio de la sombría incertidumbre. Con la intención de ganar votos a su favor entre los gobiernos europeos está alargando la agónica situación de inestabilidad de España. Su posición en el tablero no ha variado un milímetro, seguimos en el limbo suspendidos ¿nos dará el SI o el NO como respuesta final? O tal vez nunca se va a definir, su discurso sigue idéntico: “redondito-cuadradito”, “ya somos República pero en suspensión”. Finalmente los gobiernos de la comunidad internacional lo han suspendido en el examen, negándose a intervenir como mediadores en lo que se entiende como un conflicto interno. Creo que la próxima semana va a necesitar algo más que un par de tirantes para suspender sus pantalones. La Moncloa responde que el marco legal para cualquier tipo de mediación es el Parlamento de la República, por eso se llama así, por constituir la tribuna desde la cual el representante de una región puede expresar sus demandas, y tiene previsto recibir respuestas de parte de la oposición. Esto se viene practicando desde el inicio de la Demokratía aquí en Atenas, y no arreglos entre gobiernos a puerta cerrada como pretende Puigdemont al solicitar un diálogo con Rajoy, el cual le ha sido denegado.

Otro rasgo del espíritu democrático (al que aluden sin tregua desde Barcelona), es que la decisión última la va a tomar el jefe y nadie podrá imputarla, con lo cual ha quedado demostrado el orden jerárquico que impera en el actual Govern de la Generalitat. La voz temblorosa de una joven catalana lanza a las redes sociales su desesperado mensaje “!Salvad a Cataluña!”, convocándonos para rescatar la democracia en su país, pero a mí particularmente el mero hecho de que toda la responsabilidad de semejante toma de decisión recaiga sobre los hombros de uno solo me hace recordar inevitablemente los tiempos del Caudillo Paco Franco. La mayoría estamos de acuerdo en que la gran responsable de las conflagraciones mundiales ha sido siempre la consigna fanática nacionalista, cualquiera que ésta sea. Es incuestionable el poder que ha concentrado Puigdemont en su propia región, y resulta irónicamente democrático que los únicos gobiernos que hasta el momento han reconocido oficialmente a la deseada (por algunos) “República de Cataluña”, sean nada menos que Venezuela y Corea del Norte. Aparte de ciertos tibios comentarios por parte de algunos dirigentes ultraderechistas europeos, los mismos que insisten en la desintegración de la U.E. al tiempo que proclaman políticas neo nazis.

El peor error cometido por el Gobierno español ha sido no evitar la actuación de la guardia civil durante el referéndum del 01/10, si dicha votación al no estar validada era ilegal tendrían que haber encontrado otra forma de obstruirla y nunca haciendo uso de la fuerza. Las fotos de la policía y de los cientos de heridos en los hospitales circulando por las redes es la única baza que han conseguido ganar hasta ahora los partidos independentistas catalanes. Aunque también circulan las fotos de las manifestaciones de la otra mitad de la población no separatista. Como bien acaba de declarar el cantante Joaquín Sabina desde Quito : “No es Cataluña contra España, sino Cataluña contra Cataluña”.

Los que han votado a favor del independentismo están convencidos de que Cataluña se volvió pujante gracias a su esfuerzo personal, en tanto que sus impuestos se redirigían hacia las regiones menos favorecidas, como Andalucía y otras. Sin embargo se hicieron ricos en base a las oportunidades de comercio internacional que les brindaba la plataforma de España. Al formar parte de esta nación con larga historia de poderío y prestigio, y situada en una firme posición europeísta con sus mejores alfiles colocados en puestos claves, el camino le fue allanado. En estos aciagos momentos la próspera industria catalana se ha mandado mudar, ya suman cerca de ochenta, al sentir la amenaza de aislamiento que se cierne sobre las cumbres del Puig como una corona de negras nubes cargadas de electricidad, una a una las empresas han ido abandonado el barco en zozobra. Podemos sentir el aliento lobuno de Trump y Putin merodeando desde flancos opuestos, ocultos en la penumbra y relamiéndose a la espera de repartirse los despojos. En caso de que los haya, todavía está por verse, seguimos a la espera…

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