728 x 90

Magos griegos en Egipto

img

Los antiguos papiros griegos a los que me refiero ofrecen un amplio panorama sobre las prácticas mágicas en el Egipto greco romano - se sitúan entre el s. II AC y el s. V DC - el léxico utilizado en estos se relaciona con el sentimiento mágico y religioso de forma simultánea. Los materiales y utensilios empleados para la ejecución de estos valiosos papiros eran sagrados, diferentes a los de uso público. El lugar y el momento en que se practicaba su escritura también habían sido cuidadosamente elegidos, en relación a la luz, a los vientos y a la posición de los astros, entre otros motivos. En los rituales utilizaron una infinita variedad de árboles y plantas, animales, especias, minerales y piedras preciosas. Los textos estaban destinados a ser recitados durante dichas ceremonias mistéricas, para ello recurrieron a un léxico esotérico sumamente extenso y críptico, de imposible acceso para los no iniciados, lo que ha constituido un verdadero rompecabezas para los científicos encargados de su interpretación, quienes sentaron las bases de la papirología desde hace mucho pero recién consiguieron incrementar su investigación a partir del s. XVIII, el verdadero salto llegó en el s. XIX con la publicación del “Gran papiro mágico de Paris”.

Todos los escritos echan mano de una simbología cifrada para nombrar a sus dioses, utilizando términos compuestos con palabras como “fuego”, “todo”, “noche, “oro”, etc. También sofisticados calificativos para denominar a entidades de índole no humana (por ejemplo la palabra “fantasma” ya figura en las invocaciones). Para clasificar diversas acciones divinas se expresan metafóricamente. En sus ensalmos utilizan fórmulas zodiacales y combinaciones de números con poderes sobrenaturales (referidos a cantidades o frecuencias). La recitación de los conjuros venía acompañada de gestos taumatúrgicos muy específicos, algunos de los cuales podríamos acaso asociar con la simbología védica utilizada en la India por algunos yoguis, quienes con fines curativos aún hoy aplican gestos de las manos llamados “mudras”. Los antiguos textos de los nigromantes griegos en tierras de Egipto también están dedicados al arte de la animación de figurillas con forma humana o animal, que cobraban vida durante los rituales. Para conseguir atraer la energía universal hacia el objeto inanimado diferentes factores tenían que confluir (la actitud del oficiante purificado, el tiempo, el lugar, etc.) pero sobre todo era la palabra secreta la que contenía una fuerza vital al momento de emplear los “usos figurativos”, esto es: largos compuestos de palabras a los que llamaron “ la voz mágica”, empleando términos como por ejemplo “entrar”, referente a la posesión de una persona, o “respirar” para dar vida a una piedra.

De esta manera, gracias a su carácter oculto y a la gran complejidad de semejante ciencia, el poder sobre los fenómenos sobrenaturales permaneció inalcanzable a los no iniciados. Vamos a decir que la larga preparación y las durísimas pruebas a las que fueron sometidos muchos sabios griegos por siglos para ser admitidos en los misterios iniciáticos egipcios, valió la pena. El fruto de esta incomparable experiencia se descubre en su lengua, en la filosofía helénica, en la medicina, matemáticas, y en buena medida en los ritos de iniciación mistérica de los antiguos cultos griegos, base del sentimiento religioso que hasta la fecha conserva este pueblo.

Hay que recordar aquí los nombres de aquellos intelectuales griegos que en busca de la Ciencia Sagrada llegaron hasta el “asoleado país de Kem”, y se quedaron estudiando entre los hierofantes egipcios: Solón, quien en la ciudad de Ra escuchó por primera vez la leyenda de la Atlántida, la que nos fue transmitida posteriormente por su nieto Platón, éste a su vez logró el acceso a los libros sagrados durante su estadía de 13 años entre los sacerdotes egipcios. Tales de Mileto (4 años en Menfis), Demócrito (5), y Anaxágoras 20 años dedicados a su iniciación en las ciencias mágicas. Pero el caso más excepcional fue Pitágoras quien residió 22 años entre Menfis y Tebas antes de regresar a Grecia para fundar su escuela metafísica, aún vigente, a cuyos seguidores herederos directos de la magia egipcia llamamos “los pitagóricos”. 

IR A COMENTARIOS

    Comentarios