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Participación constructiva en el ciberespacio

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Que estamos todos caminando al borde del precipicio ya no cabe duda posible. Como en el cuadro de Brueghel el Viejo en el cual vemos a un ciego conduciendo a otros ciegos en fila que apoyan su mano en el hombro del que precede, el conductor da un mal paso y podemos ver retratada la secuencia en cámara lenta de cómo van cayendo uno a uno los que le siguen. No soy alarmista ni sufro de psicosis apocalíptica, sólo soy una más entre las que intenta comunicar la emergencia de una toma de conciencia responsable respecto a la actual situación geopolítica. Particularmente me dirijo a los más jóvenes, instando al mismo tiempo a todos los lectores a participar de manera colectiva a través de las redes para intentar desactivar la amenaza latente. Algo se podrá lograr puesto que somos millones de usuarios. Al mantenernos bien informados, al exponer y transmitir un mensaje positivo, una advertencia para que no caigamos en la trampa, desde su ordenador cada cibernauta se convierte potencialmente en un soldado de la Brigada Antiterrorista. Aclarando que el concepto se extiende más allá de los tristemente conocidos grupos terroristas y de sus bombas en los mercados hacia la manipulación de las potencias mundiales y de sus partidos políticos, de la codicia de la Banca internacional, de la corrupción generalizada, de los ciberataques, del pingue negocio de la venta oficial de armas o de petróleo, etc. etc. Tenemos la obligación moral de ponernos las pilas, pero es que además nuestro instinto de sobrevivencia nos avisa que ya no nos queda otra opción sino zambullirnos de cabeza en ello, por nuestra propia salvaguarda.  

La desalmada hambruna que sufre endémicamente el Africa - con un crecimiento constante que este año ha aumentado hasta el 12% y alcanza la aterradora cifra de 224 millones de personas naufragando en condiciones infrahumanas y mortalidad infantil sin precedentes históricos - es la luz roja que parpadea ante la distraída mirada de la sociedad con techo, emitiendo una estridente sirena mientras contemplamos (con la indiferencia que crea la costumbre) las repetidas imágenes del drama humano en el televisor a la hora de la cena, ya que otro tanto está en este instante sucediendo en India y demás continentes, como en el nuestro. En el platillo opuesto de la balanza tenemos a diez individuos que reúnen en su haber el casi 50% de la riqueza mundial, según la revista Forbes que este año da por vencedor del concurso a Michael Bloomberg con 47.500 millones de dólares. En las últimas tres décadas la brecha entre hiper millonarios y víctimas de la más extrema pobreza ha ido profundizando sin cesar, haciendo posible amasar fortunas inaceptables mientras las condiciones de vida de los pueblos menos favorecidos se han precipitado en el abismo.  Es un problema de racismo sin duda, ya que el evidente aumento poblacional de las comunidades no blancas que rodean los Estados Unidos, Rusia y Europa los tienen étnicamente sitiados, además de invadidos. El instinto de supremacía de la raza blanca en clara minoría reacciona cíclicamente. Desalojar por hambruna a varios continentes es la receta más conveniente para dejar el espacio libre.

Si no me equivoco ha sido en 1984 que Trump viaja por primera vez a Moscú invitado por la embajada rusa para incursionar en ciertos proyectos de inversión millonaria, a su regreso el magnate debuta zambulléndose de lleno en la política. Desde entonces su alianza con Putin se ha hecho evidente, los EU se encuentran más divididos que nunca, con una inquietante intensificación del supremacismo blanco y un congreso incapaz de lograr acuerdos bipartitos cuando de soluciones urgentes se trata. Dicen que Putin lo tiene chantajeado con un video en Carlton Ritz Hotel, donde una cámara oculta grabó una orgía en la que profana junto a prostitutas la cama donde durmieron los Obama. Esto no está probado y puede ser un bulo, pero de lo que no hay duda es que se ha abierto una investigación sobre el caso de la injerencia de los hackers rusos en las últimas elecciones americanas, lo que el Kremlin viene negando oficialmente. Es un hecho que Trump acaba de reunirse con Putin y declaró que él cree en su palabra. En pocos meses y de modo alarmante  se ha alejado de Europa y en nada colabora su gobierno para evitar el incremento de la desestabilización dentro de las democracias liberales de este continente. Cuanto más fuerza tomen los movimientos nacionalistas europeos, cuanto más crezca la división interna y se debiliten sus fronteras reducidas a pequeños y empobrecidos feudos, cuanto más encendido sea el fervor hacia gobiernos de ultra izquierda o mayor populismo ultraderechista tengamos, mayor será el dominio dictatorial que ejercen sobre el mundo - sea los rusos, americanos  o chinos - y mayor el latente peligro de una tercera guerra mundial.

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