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This mad, mad, MacDonald world!!!, por Elvira Roca-Rey

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Foto: quo.es

Las cosas que más vamos a extrañar en el futuro inmediato: el ozono, pues aunque subamos a Tíclio o a la punta del Everest tal como se perfila el mundo a partir de ayer el cielo va a oler a petróleo/Poder darle un besito a nuestro novio sin ser espiados por una cámara oculta en el ordenador “nueva generación”/Los woki toki que no emitían radiaciones cancerígenas/ Si además eres latino y vives en USA también vas a lamentar no haber nacido en Alabama en el seno de una familia bautista con un hijo en el ejército, otro en Wall Street, y el menor que es granjero en el Ku Klux Klan/El whisky, pues muy pronto será un licor exclusivo de los millonarios, ya que en la última década han talado todos los robles que quedaban y mientras aumentaban los consumidores disminuían las barricas de maceración/La miel de la vida, porque las abejas están desapareciendo debido a las imparables plantaciones de cultivos transgénicos/Los diarios impresos, de manera que el infeliz que no tuvo ocasión de aprender a manejar internet se va a quedar sin enterarse de nada/La cocinita a gas, por el intríngulis con los países árabes y la problemática mundial de la red de gaseoductos. La amas de casa se preguntan cómo van a cocinar sus hijas en el futuro: el carbón poluciona, ya no quedan bosques pues los hicieron todos leña, o palitos japoneses de chifa, en cuanto a la cocina eléctrica hay que ver la cara de ídolo con colmillos de felino que ponemos cuando nos llega la cuenta. Por su lado las hijas responden que ellas no piensan cocinar, para eso existe la Mc Donald/Otra cosita que vamos a extrañar: un buen churrasco con su tacu tacu, porque las vacas cada día están más infladas de hormonas (sobre todo la carne que utiliza la Mc Donald), y los frejoles y el arroz serán transgénicos. 

¡Una pausa y volvemos con la publicidad! Ah sí, aquellos teléfonos antiguos que no te despertaban para venderte un producto que no necesitas, que odias y encima te da cáncer/ La peor pérdida: la música. ¿Recuerdan los long plays y casettes que rebobinábamos con la ayuda de un bolígrafo? (sé que para los más jóvenes es como si hablase de los dinosaurios), pues también a los CDs los vamos a extrañar a muerte porque ya no podremos escoger la música que nos gusta. La industria discográfica se haya en franca bancarrota, todo vendrá a través de Youtube y otros servidores, ellos elegirán por nosotros qué música nos conviene, qué película, qué comida, qué cónyuge, y todo lo demás/ Otra: la alcancía del chanchito rosado, porque la podías guardar en tu armario y hasta que decidías romperla no te cobraba. Y tampoco te veías tentado de hipotecar tu casa para comprarle a tu alcancía una granja de chanchitos para que no se sienta solo, con gallinas ponedoras para que no lo llamen perdedor y no se vaya a acomplejar frente al chanchito rosado del vecino, y al ratito nomás ya estabas hipotecando a tu mujer y a tus hijos para pagar la deuda del maíz, además de regalarle la canasta entera de huevos al Banco/ También a partir de mañana vamos a echar mucho de menos, no a las palomitas de maíz, (no el americano pop corn que vamos a vernos obligados a consumir hasta en la sopa), sino a la palomita de la paz. La gran Guerra Mundial tal como la hemos conocido ha dejado de ser un buen negocio, mucho más lucrativo resultan las pequeñas guerras civiles o limítrofes, pero el truco consiste en que éstas se expandan por todos los rincones de la tierra mientras la guerra fría entre las superpotencias sigue su tranquilo curso, para eso tenemos a los medios de telecomunicación que nos informan sobre las recientes amenazas y reconciliaciones. De tal forma que si al abuelo del pato Donald de pronto se le cruzan los cables el mundo entero se podría ver entrampado en una maraña de pequeñas guerras permanentes, sin dejar un espacio donde no exista conflicto. Por eso no debemos pisar palito, si a los chilenos se les ocurre patentar la mazamorra o el champú nada de pleitos fronterizos, suavemente se les sugiere que inventen otro postre que se llame “reacondicionador”.

En el Diario el País he leído un artículo sobre el triunfo de Donald Trump, lo firma John Carlin: “Trump será un Cantinflas en el papel de Calígula en una versión moderna de la caída del imperio”. Acabo con su última frase: “el electorado estadounidense ha puesto a un loco a cargo del manicomio: lo cual daría risa si uno no se parara a pensar que el manicomio en cuestión es la potencia nuclear número uno del mundo”.

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