728 x 90

Trump presidente: Estados alterados

img

Foto: sopitas.com

No se trata de una película de ficción, sino de una histórica, real y riesgosa elección… Siempre habíamos dicho que, a diferencia de nosotros,  en el primer mundo y sobre todo en Estados Unidos, la estabilidad institucional y económica era la regla y que, no importaba quién ganase las elecciones, por que finalmente todo seguiría igual, sin terremotos políticos ni movimientos pendulares radicales, salvo pequeños matices…. ¡Hasta que llegó Donald Trump y, como en cualquier país tercermundista, cundió el pánico y la incertidumbre en la primera potencia y en todo el  mundo!

¿Signos de los tiempos?

Cuando se esperaba el traspaso de poder del primer presidente afroamericano a la primera mujer en la Casa Blanca, tenemos ahora allí a un personaje que, por sus propias palabras y actitudes, es más que un excéntrico derechista. Trump ha sido descrito como autoritario, chauvinista, aislacionista, xenófobo, proteccionista, racista, misógino y otra serie de adjetivos negativos, pero quizá lo que más lo pinta es su vena ambiciosa, arrogante y súper populista. ¿Qué podemos esperar?, es lo que  de Beijing  a  Bruselas y Chumbivilcas todos nos preguntamos.

Este multimillonario seudo ‘outsider’ de ancestro alemán, de escasa experiencia en cargo público, ha removido no solo los cimientos de la política estadounidense basados en el pensamiento institucional de los padres fundadores y del bipartidismo como tal (se señala que, de perder, hubiera pateado el tablero y hasta formado su propio partido), sino del ‘establishment´ y de lo ‘políticamente correcto’.  También ha sembrado dudas, principalmente en el lado perdedor, sobre el sistema electoral tradicional estadounidense,   basado en delegados estatales:  por segunda vez (antes fue Al Gore frente a George Bush) el candidato perdedor, esta vez la demócrata Hillary Clinton, ganó en número de votos, pero perdió en conteo de delegados.

EL DURO CONTROL DE DAÑOS

En cuanto al Partido Republicano las cosas tampoco son fáciles. Primero tuvieron que aceptarlo como candidato a regañadientes y tapándose la nariz, y ahora están en la difícil tarea de formar gobierno con los amigos y los caprichos de Trump.  Del lado del Partido Demócrata pues tardará mucho en resarcirse de esta derrota tan dura como poco previsible, ante un candidato tan arrogante como confrontacional que protagonizó la campaña más sucia de la historia con insultos, mentiras, exageraciones y agravio de migrantes, minorías y personalidades.

Sin embargo, a pesar de todo debe reconocerse que, con pocos escrúpulos, finalmente  Trump supo conectar con una gran porción de clase media y baja tradicional, molesta y resentida con la globalización y la apertura de mercados, a los que culpan de su estancamiento económico.

Con Trump se equivocaron también los medios de comunicación, la élite política y los opinólogos, que no alcanzaron a ver la magnitud arrolladora del ‘trumpismo’, así como las propias encuestadoras, que días antes, aunque con poco margen, vaticinaban un triunfo de Clinton. Como sucedió en el Brexit británico y con el referéndum colombiano sobre la paz y las concesiones a los terroristas de las FARC,  aparentemente se impuso otra vez “la espiral del silencio”, teoría para explicar el complejo fenómeno de la  opinión pública de la alemana Elisabeth Noelle-Neumann. Según explica, muchos entrevistados ocultan su verdadera opinión, que perciben como minoritaria,  ante los encuestadores  (en este caso a favor de Trump) por temor al aislamiento y se pliegan a lo que perciben como “opinión mayoritaria y políticamente correcta” (a favor de Clinton), pero finalmente en las ánforas votaron por Trump. Su silencio sólo oculto un voto vergonzante

RETÓRICA DE CAMPAÑA VS REALIDAD OVAL

Es mucho lo que está en juego con esta elección. Los mercados  de casi todo el mundo (con excepción del de  Moscú, al que los demócratas acusaron de intervenir a favor de Trump) tambalearon apenas conocida la noticia del triunfo de este seudo  ‘outsider’. Sin embargo, a las pocas horas empezaron a recuperarse, no solo ante la imposibilidad de cambiar los hechos consumados, sino también por el primer discurso de aceptación de Trump al conocerse los resultados.

A diferencia de la áspera retórica beligerante de campaña, vimos aquí  un Trump calmado,   haciendo un llamado a la unidad y afirmando  que será “el presidente de todos”, además de  ponderar  la valía de su contendora, a la que  en campaña insultó agriamente y amenazó hasta con mandarla a la cárcel.  Lo que todos se preguntan es: ¿Cuál es el verdadero Trump y cómo gobernará? ¿Y qué de sus propuestas tan radicales e indigeribles como las  de deportar a los mexicanos y los migrantes ilegales, levantar un muro en la frontera, deshacer los avances del actual presidente como el programa de salud Obamacare, incrementar los aranceles y cerrar su mercado interno, etc? La incertidumbre y el temor aún prevalecen.

MARCHAS DEL NO Y CORTE SUPREMA

Por lo pronto, tras esta elección, cientos de miles de personas marcharon en las principales ciudades estadounidenses en protesta contra los resultados tan bizarros. Ello debe entenderse como una reacción ante una campaña tan sucia, pero también ante la heterodoxa y enervante  personalidad del nuevo presidente; además de ser una afirmación del régimen de tolerancia, libertades y derechos que ha caracterizado a Estados Unidos y que Trump algunas veces ha amenazado con golpear.  Detrás de todo esto yace el gran reto de unir y reconciliar a un país, que él mismo contribuyó a dividir con las semillas del odio, el racismo, la discriminación y la violencia verbal.

En las últimas décadas la agenda liberal ha avanzado bastante, a despecho de la  conservadora, con el reconocimiento de derechos a las mujeres, los consumidores, el medio ambiente y las minorías.  Pero muchos temen ahora un retroceso en ello, tanto por la agenda personal adelantada por Trump, cuanto porque el Partido Republicano mantiene la mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes. Y, tan relevante como eso, es que sigue pendiente el nombramiento de algunos miembros de la Corte Suprema (varios candidatos propuestos por Obama fueron rechazados por el Congreso republicano), cuyos fallos sientan precedente legal; y se teme que Trump, por reconciliarse con la cúpula de su partido, proponga a algunos de agenda ultraconservadora.

LA ECONOMÍA, EL ROBOCOP MUNDIAL Y EL BOTÓN ROJO

El candidato Trump ha dicho en campaña cosas realmente absurdas y hasta espeluznantes en política local e internacional, que se espera sean despejadas y aclaradas en el camino por su equipo de gobierno.

Este hombre, que se ufana de aprovechar los resquicios legales para evadir impuestos y no ha mostrado su declaración respectiva, ha prometido bajar impuestos, aumentar los aranceles y fomentar el proteccionismo,  denunciar los tratados de libre comercio (lo que podría tener serias repercusiones para el Perú y otros países), castigar a las empresas estadounidenses que se establezcan en el exterior, y hasta relajar los controles medioambientales para reactivar la economía. Sin embargo, la verdad es que la economía de Estados Unidos no está tan mal, y será ahora cuando deberá  enfrentar la exacerbación de expectativas que él mismo alimentó con un discurso virulento contra el gobierno de Obama y el ‘establishment´ actual.

Su postura sobre el Medio Oriente es igualmente entre incendiaria y ambigua y tendrá que ser profundamente revisada por sus asesores. Lo mismo puede decirse de su actitud sobre sobre la OTAN y sus aliados en Corea y Japón, a los que ha dicho, de modo simplista y absurdo, que  les cobrará si quieren seguir bajo el manto protector de Estados Unidos, y que si quieren asegurar la paz deberían construir sus propias bombas atómicas. (¡)¿O tal vez comprarlas? ¿ y en donde ? me pregunto yo

 ¿Y dónde queda la política internacional y la protección de los propios intereses estadounidenses? Recordemos que Trump tendrá a la mano a partir del 20 de enero del 2017 el “botón rojo” de la conflagración nuclear. ¿Y qué hubiera pasado si Trump hubiera sido presidente en 1962, cuando el presidente de entonces John F. Kennedy tuvo que conjurar, en medio de una fuertísima presión interna y externa, la llamada “crisis de los misiles”? Escalofríos para más de uno.

EL BENEFICIO DE LA DUDA…

Normalmente, al presidente de Estados Unidos se le llamaba “el líder del mundo libre”, pero incluso ahora este epíteto pierde esencia con Trump, que agravia a las minorías de su propio país, amedrenta a la prensa independiente, le cuesta reconocer sus errores y no sabe pedir disculpas, y ha hecho del discurso discriminatorio, divisionista y confrontacional su caballito de batalla.  ¿Y qué política ante América Latina podríamos  esperar de un presidente como este?

Hay que resaltar, en tanto,  la actitud tanto de Hillary Clinton, como del presidente saliente Barack Obama, que reconocieron la derrota, prometieron apoyar la transición e invocaron a sus ciudadanos a darle una oportunidad a Trump, al que la mitad del país conceptúa negativamente.

Enorme reto el de Trump como jefe de Estado de la primera potencia mundial, pues persiste el temor de los grupos a los que amenazó con perseguir, deportar o restarle derechos; y también de la comunidad internacional. Como lo hemos apuntado antes, tenemos  que lamentar esta esquizofrenia, que creíamos propia de la política tercermundista, de prometer en campaña “lo que le gusta a la gente”,  en que cualquier método, por más ruín que sea,  vale para llegar al poder; y luego, ya en Palacio, ¿empieza otra historia?  Una cosa es con guitarra, y otra con cajón, decían nuestros abuelos criollos.

Lecciones de la historia, que se escribe a veces con la mano izquierda, con la rabia o con los pies… Pocas razones para el optimismo, pero, como dice Hillary Clinton, hay que darle el beneficio de la duda y la oportunidad al nuevo presidente, a ver si pasamos del pasmo y los estados alterados a la calma, la reconciliación y la cordura.

IR A COMENTARIOS

    Comentarios