ROSA MARIA PALACIOS EN VIVO
PRÉNDELO

El proyecto de Unión Civil no Matrimonial, presentado nuevamente y con algunos matices por el congresista Carlos Bruce, ha desatado una ardua y amplia polémica que ha confrontado a amplios sectores de la opinión pública nacional, por lo que es difícil prever si se aprobará o no. Previamente, proyectos similares fueron debatidos en el Parlamento, pero sin éxito a la hora de la votación. Por lo mismo, ahora los promotores del proyecto aclaran que no se trata de matrimonio para personas del mismo sexo (ni de permitir adopciones), sino únicamente de garantizar asuntos patrimoniales y sociales, como derechos a la herencia, al seguro social de la pareja y a pensiones entre dos personas.

Del otro lado, los detractores de la iniciativa sostienen que se está atentando contra la institución del matrimonio y también de la familia tradicionalmente constituida como célula básica de la sociedad. Desde el púlpito y fuera de él, líderes católicos como el cardenal Juan Luis Cipriani denuncian que algunos congresistas están “aprovechando” su escaño para legislar “a favor de su propia opción” y que el matrimonio es entre hombre y mujer.


¿Qué pasará esta vez con el proyecto? En el Congreso, que finalmente deberá aprobarlo o archivarlo otra vez, las opiniones están también divididas, pero a diferencia del pasado esta vez el debate público es más encendido, lo que podría influir quizás en la votación legislativa.


Es más, de una forma que algunos podrían decir oportuna, el propio Papa Francisco ha hecho declaraciones sorprendentes. Allí se ha mostrado bastante crítico con una Iglesia "obsesionada" con el aborto, los anticonceptivos o el matrimonio gay (lo llama así), y partidario de reformas graduales en la Iglesia católica. “La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal”, ha dicho. "Tenemos que encontrar un nuevo equilibrio (...). La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esa propuesta surgen luego las consecuencias morales", ha agregado.


Llama positivamente la atención esta declaración de la máxima autoridad de la Iglesia católica, con quien no necesariamente comulgamos en todos los temas, que no está diciendo que aprueba la unión de personas del mismo sexo, pero sí abre puertas para diversas interpretaciones con una ejemplar tolerancia y apertura.


Desde el punto de vista constitucional y jurídico, nuestra Carta Magna indica (Art. 2) que “Toda persona tiene derecho (…) A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”. El Código Civil, por su parte, si bien se refiere al matrimonio como contrato y a las obligaciones y deberes de la unión de hecho, establece, siguiendo la normal social, el devenir jurídico, la tradición y el influjo religioso, que esto se da entre hombre y mujer.


¿Qué hacer? Ante todo, afirmar dos cosas: Una, que el Estado de derecho democrático se rige por la ley, que es votada por una mayoría de representantes elegidos por el pueblo, pero también por el respeto a las minorías. Luego, que en todo el mundo a lo largo de la historia se han dado cambios drásticos que en un momento fueron impensables: la abolición de la esclavitud, el voto de la mujer, el matrimonio interracial, el divorcio mismo y el respeto a las minorías, entre ellos los homosexuales. En las fuerzas armadas de Estados Unidos, por ejemplo, se pasó de políticas de exclusión hasta las de “Don´t ask, don´t tell” y últimamente a la inclusión de homosexuales sin restricción.


Es verdad que hay valores universales y aceptados en la mayor parte del mundo (la vida misma, la justicia, la solidaridad, los derechos humanos, los derechos del niño y la mujer, la libertad y la tolerancia), pero aceptemos que el mundo evoluciona, en mayor o menor grado, en aspectos como los mencionados. En varios países, incluso en América Latina, ya se acepta uniones o bodas gay.


¿Estamos preparados en el Perú para una reforma de este tipo? ¿Es tan serio el problema que debe abordarse por una ley en este momento? ¿Qué piensa la mayoría de ciudadanos sobre el tema? ¿Qué criterio primará en los congresistas?


Para muchos es también cuestión de prioridades. Vivimos en un país que, por lo general, se reconoce que económicamente ha avanzado en la última década, pero que aún sigue estancado en aspectos como la nutrición infantil (en las zonas rurales es un problema mayor), la educación (uno de los niveles más bajos en América Latina), la seguridad pública (los atracos y homicidios no son una percepción, lamentablemente), el respeto a las mujeres (vergonzosa estadística de feminicidios y machismo), la disgregación familiar (altas tasas de divorcio y familias con madres solteras), etc.


¿Y cómo andamos en tolerancia? El proyecto Bruce es una oportunidad y un desafío a las conciencias, que invita a cuestionarnos sobre nuestro modo de ser, de interactuar y de convivir entre nosotros, como grupos y como sociedad moderna.


Por lo mismo, corresponde al Congreso debatirlo con la debida seriedad, tolerancia y mesura, sin prejuicios, pensando en la protección de la institución familiar que muchos apoyan y protegen, pero también en los derechos de minorías que exigen por lo menos respeto a garantías patrimoniales derivadas de su convivencia, por lo que el proyecto resulta atendible y a tono con los tiempos nuevos.


Bernardo Roca-Rey

Director.

El proyecto de Unión Civil no Matrimonial, presentado nuevamente y con algunos matices por el congresista Carlos Bruce, ha desatado una ardua y amplia polémica que ha confrontado a amplios sectores de la opinión pública nacional, por lo que es difícil prever si se aprobará o no. Previamente, proyectos similares fueron debatidos en el Parlamento, pero sin éxito a la hora de la votación. Por lo mismo, ahora los promotores del proyecto aclaran que no se trata de matrimonio para personas del mismo sexo (ni de permitir adopciones), sino únicamente de garantizar asuntos patrimoniales y sociales, como derechos a la herencia, al seguro social de la pareja y a pensiones entre dos personas.

Del otro lado, los detractores de la iniciativa sostienen que se está atentando contra la institución del matrimonio y también de la familia tradicionalmente constituida como célula básica de la sociedad. Desde el púlpito y fuera de él, líderes católicos como el cardenal Juan Luis Cipriani denuncian que algunos congresistas están “aprovechando” su escaño para legislar “a favor de su propia opción” y que el matrimonio es entre hombre y mujer.


¿Qué pasará esta vez con el proyecto? En el Congreso, que finalmente deberá aprobarlo o archivarlo otra vez, las opiniones están también divididas, pero a diferencia del pasado esta vez el debate público es más encendido, lo que podría influir quizás en la votación legislativa.


Es más, de una forma que algunos podrían decir oportuna, el propio Papa Francisco ha hecho declaraciones sorprendentes. Allí se ha mostrado bastante crítico con una Iglesia "obsesionada" con el aborto, los anticonceptivos o el matrimonio gay (lo llama así), y partidario de reformas graduales en la Iglesia católica. “La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal”, ha dicho. "Tenemos que encontrar un nuevo equilibrio (...). La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esa propuesta surgen luego las consecuencias morales", ha agregado.


Llama positivamente la atención esta declaración de la máxima autoridad de la Iglesia católica, con quien no necesariamente comulgamos en todos los temas, que no está diciendo que aprueba la unión de personas del mismo sexo, pero sí abre puertas para diversas interpretaciones con una ejemplar tolerancia y apertura.


Desde el punto de vista constitucional y jurídico, nuestra Carta Magna indica (Art. 2) que “Toda persona tiene derecho (…) A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”. El Código Civil, por su parte, si bien se refiere al matrimonio como contrato y a las obligaciones y deberes de la unión de hecho, establece, siguiendo la normal social, el devenir jurídico, la tradición y el influjo religioso, que esto se da entre hombre y mujer.


¿Qué hacer? Ante todo, afirmar dos cosas: Una, que el Estado de derecho democrático se rige por la ley, que es votada por una mayoría de representantes elegidos por el pueblo, pero también por el respeto a las minorías. Luego, que en todo el mundo a lo largo de la historia se han dado cambios drásticos que en un momento fueron impensables: la abolición de la esclavitud, el voto de la mujer, el matrimonio interracial, el divorcio mismo y el respeto a las minorías, entre ellos los homosexuales. En las fuerzas armadas de Estados Unidos, por ejemplo, se pasó de políticas de exclusión hasta las de “Don´t ask, don´t tell” y últimamente a la inclusión de homosexuales sin restricción.


Es verdad que hay valores universales y aceptados en la mayor parte del mundo (la vida misma, la justicia, la solidaridad, los derechos humanos, los derechos del niño y la mujer, la libertad y la tolerancia), pero aceptemos que el mundo evoluciona, en mayor o menor grado, en aspectos como los mencionados. En varios países, incluso en América Latina, ya se acepta uniones o bodas gay.


¿Estamos preparados en el Perú para una reforma de este tipo? ¿Es tan serio el problema que debe abordarse por una ley en este momento? ¿Qué piensa la mayoría de ciudadanos sobre el tema? ¿Qué criterio primará en los congresistas?


Para muchos es también cuestión de prioridades. Vivimos en un país que, por lo general, se reconoce que económicamente ha avanzado en la última década, pero que aún sigue estancado en aspectos como la nutrición infantil (en las zonas rurales es un problema mayor), la educación (uno de los niveles más bajos en América Latina), la seguridad pública (los atracos y homicidios no son una percepción, lamentablemente), el respeto a las mujeres (vergonzosa estadística de feminicidios y machismo), la disgregación familiar (altas tasas de divorcio y familias con madres solteras), etc.


¿Y cómo andamos en tolerancia? El proyecto Bruce es una oportunidad y un desafío a las conciencias, que invita a cuestionarnos sobre nuestro modo de ser, de interactuar y de convivir entre nosotros, como grupos y como sociedad moderna.


Por lo mismo, corresponde al Congreso debatirlo con la debida seriedad, tolerancia y mesura, sin prejuicios, pensando en la protección de la institución familiar que muchos apoyan y protegen, pero también en los derechos de minorías que exigen por lo menos respeto a garantías patrimoniales derivadas de su convivencia, por lo que el proyecto resulta atendible y a tono con los tiempos nuevos.


Bernardo Roca-Rey

Director.



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