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Venezuela en la encrucijada : la represión y el hambre como políticas de Estado

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Foto: confirmado.com.ve

“¡Mírame, mátame porque tengo hambre, dispárame porque tengo hambre!”. Eso es lo que, en un video que se ha vuelto viral, le dice desafiante y desesperado, a un pelotón policial,  un joven participante de la multitudinaria marcha “Toma de Venezuela”, en protesta contra los abusos del régimen de Nicolás Maduro, el último de los cuales ha sido suspender el referéndum revocatorio, la última válvula de escapa constitucional para una transición democrática y pacífica.

Sí, en Venezuela hay represión y hambre, además crímenes contra derechos humanos, persecución de opositores y de la prensa independiente, corrupción, pobreza, inflación, rampante inseguridad y una incertidumbre que se palpa en el aire.  Pero el régimen de Maduro y su cúpula político-militar se niegan a ver este desastre causado por ellos y no quieren dejar el poder.

¿Qué esperan la OEA, el Perú y la comunidad internacional para actuar? Ya no queda ninguna duda de la entraña dictatorial, cruel y represiva del régimen de Nicolás Maduro que, contra toda lógica, se muestra ciego, sordo y desafiante ante la demanda de la mayoría ciudadana a la que literalmente mata de hambre y que lo repudia y quiere retornar a la democracia por la vía civilizada y democrática.

DIÁLOGO EN SALMUERA

La paralización del referendo revocatorio, a través de la intervención de jueces  sumisos a los dictados de Maduro, ha sido tan escandalosa como burda y anticonstitucional. A sabiendas de que la oposición democrática tiene los votos para avanzar con esa opción, han hecho todo para abortar dicha iniciativa. Primero con un sinfín de cambios absurdos e ilegales en las reglas de juego, a través de organismos títeres como el Tribunal Suprema de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, además de una cúpula militar envuelta en escándalos de corrupción y narcotráfico, que ha dado la espaldas al país. Y luego, con el continuo acoso al Congreso, que ganó en las urnas la oposición, pero al que irrespeta y pasa por encima recurrentemente, por ejemplo al aprobar unilateralmente la ley de presupuesto. ¡Un gobierno de facto por completo!

En tal contexto, el llamado al diálogo de Maduro es una burla que indigna y repugna. Lamentablemente para los venezolanos, pocas son las salidas que está dejando a los  ciudadanos este aprendiz de dictador y su cogollo político militar.  ¿Cómo se puede dialogar con un régimen que no evidencia voluntad de escuchar al otro sino que, reiteradamente, hostiga, persigue y patea el tablero de cualquier opción de alternancia pacífica?

Con los antecedentes mencionados, es de pronóstico reservado la mediación de la Iglesia Católica, a través de enviados del Papa Francisco, sobre todo si se cierran todas las salidas a una transición constitucional y democrática. La respuesta de la oposición democrática, que ha sido hasta ahora muy cauta para no caer en la provocación del Gobierno,  se aboca ahora a convocar  nuevas marchas y un paro, para hacer ver al Gobierno no solo el rechazo de la población sino para presionar por la reanudación del referéndum revocatorio este año.

EL HAMBRE COMO POLÍTICA DE ESTADO

¿Cómo se pudo llegar en Venezuela a una situación como esta?, se preguntan todos. ¿Y cómo puede aguantar, y  por tantos años, un pueblo de más de 31 millones de habitantes los terribles excesos de todo tipo de un régimen tiránico como este? No solo se trata de represión, ataques a la libertad de prensa y encarcelamiento a opositores políticos, sino también de una situación económica paupérrima donde se ha destruido la empresa privada y la inflación y la escasez de alimentos y medicinas son cada vez más acentuadas, al punto de que muchos están literalmente muriendo de hambre.

La respuesta nos la dan los politólogos y los historiadores, así como los sobrevivientes de regímenes tan represivos como el de Lenin y Stalin, en la Rusia comunista, que ‘exportaron’ tal modelo al Chile de Allende, a la Cuba castrista y finalmente a la Venezuela del “socialismo del siglo XXI” chavista y madura, que da sus últimos coletazos al parecer. ¡El modelo se repite! sin escrúpulos ni piedad por los más pobres!

Lenin y Stalin, que se autocalificaban de “revolucionarios”, definieron el Hambre como arma política del Estado “para el control efectivo y eficiente de la población”,  con el mayor desprecio que se ha conocido por la vida humana. El saldo final fue de más de 5 millones de muertos por hambre, así como  la destrucción de todo el aparato productivo. Resulta paradójico, al respecto, que si no hubo más muertos por hambre fue por la intervención humanitaria del enemigo de los comunistas, Estados Unidos, que aportó millones en alimentos.

Lenin analizo el tema del hambre y legó a la conclusión de que, primero, era necesario buscar un responsable externo al partido para reforzar la permanencia en el poder (“la oligarquía” y el “imperialismo yanqui”, decía Chávez y repite Maduro”). Luego, sin asomo de ética ni humanidad, se refina el diseño y manejo del tema Hambre para ser usado como arma política para el sometimiento del pueblo. Todas estas “lecciones”, sirvieron como “hoja de ruta” a sus sucesores allá y acá para someter aun más al pueblo, controlándolo desde sus necesidades más elementales y primarias.

Es lo que hicieron los rusos en Ucrania, bajo control militar, de donde se llevaron toda la cosecha de cereales condenando así a esa nación a una muerte atroz. Y, un “subproducto” directo de esa política fue el tema sanitario: los muertos no fueron solo por hambre, aunque esta fue la causa primera, sino también por las enfermedades y la represión, lo cual para los soviéticos eran simplemente “daños colaterales”.

EL DESASTRE CUBANO

Eso mismo se aplicó en Cuba donde, a la caída de la Unión Soviética, una de las primeras decisiones de la nueva Rusia fue eliminar la ayuda económica a Cuba que inicia entonces el “periodo especial” en 1991. Ello resulta en contracción del PIB en un tercio, escasez de hidrocarburos y derivados (entregados antes por la URSS), medidas sanitarias (reorganización del sistema para su ajuste a la escasez), pérdida en la producción de azúcar, sustitución de las carnes, escasas, por productos agrícolas, cambio de modelo, de “Planificación central” al modelo “socialista de mercado” (la propiedad “socialista” se ejerce sobre los medios fundamentales de producción).

Ello derivó en un incremento de los índices de malnutrición, sobre todo en niños y ancianos, epidemias de neuritis óptica y polineuropatia periférica, mortalidad materno-infantil (incremento del 60%) y mortalidad en adultos mayores (20%). 

Con la llegada de Chávez al poder en Venezuela, este extiende su apoyo a Cuba que le “alquila” médicos, maestros y funcionarios, que reciben una ínfima parte de lo que el régimen venezolano paga a Cuba. Se sabe, además, que el régimen chavista madurista tiene la asesoría permanente de la cúpula cubana en cuestiones y decisiones políticas, de seguridad, propaganda de masas, control de medios y hasta espionaje.

VENEZUELA HAMBREADA

Sobre Nicolás Maduro es un personaje formado en Cuba, que sigue el ‘modelo’ soviético de la represión y del hambre: destruye lo que quedaba del aparato productivo nacional para pasar a incentivar las importaciones, con sobreprecios de hasta 4 veces el valor del producto y con desprecio de la salud del pueblo al importar productos para uso animal y desviarlos al consumo humano. Tal manejo se vuelve explosivo e insostenible,  pues al terminar con la caja disponible no se puede seguir importando y los índices de escasez se incrementan cada día, en un círculo vicioso hambreador.

Aquí se acuña el término “guerra económica” para  desviar la atención sobre los responsables que, sin vergüenza alguna, siguen haciendo “ostentación de riquezas”. Al mismo tiempo, se crea la escasez de lo nacional a través de los controles (para mover un bien de consumo se requiere tramitar hasta 4 permisos), la ineficiencia de los puertos no permite la llegada oportuna a los centros de procesamiento de los bienes importados (un buque granelero requiere para su descarga unos 30 días hábiles), agravado esto por la desaparición de casi un 70% de la flota de transporte pesado por falta de reposición y mantenimiento.

En un país donde no existe una reserva estratégica de alimentos, todo esto forma parte de una política de Estado de manejo del hambre, donde se  raciona el suministro de alimentos, se centraliza su distribución con altos visos de corrupción, se militariza el control, nacen los controles y el CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción) y quien manifieste algún sentimiento negativo respecto al régimen, es excluido del “sistema”. Se obliga al pueblo, en una red clientelista, a trabajar y someterse para poder recibir alimentos a través de bonos.

La corrupción es cosustancial a esto, pues los militares y civiles adeptos al régimen aprovechan sus posiciones para desviar productos y venderlos en un mercado no oficial con sobreprecios de más del 2,000%; se dispara la inflación y las colas y saqueos son ´pan de cada día. Mientras tanto, voceros del régimen como el ministro para la Agricultura y Tierra, Wilmar Castro Soteldo, mienten descaradamente al declarar que “en un lapso de 6 meses debería reorientarse el tema productivo y abastecimiento en el país”.

La salud es igualmente un gravísimo problema.  Mientras retornan enfermedades epidémicas como la fiebre amarilla, el paludismo y la difteria, etc., se incrementa la mortalidad y morbilidad infantil. Las pocas medicinas que se importan desde Cuba tienen  altos precios y se omite el acuerdo de suministro con la OMS, para dar prioridad a la compra de insumos de dudosa reputación.                

Terrible coyuntura la de Venezuela, ante la que no podemos ser ajenos, cuando se trata no solo de un régimen político cuasi dictatorial, sino de uno que conculca ex profeso derechos humanos fundamentales a la integridad, la vida, la salud… ¡y a comer!

Como lo señalábamos antes en esta columna (11/01/2006), “el objetivo de la recuperación democrática de Venezuela --al que se oponen con uñas y dientes Maduro y su cogollo con armas sucias--, exige el atento seguimiento de la comunidad democrática internacional, con la OEA y la ONU por delante, precisamente para denunciar tamañas irregularidades, criticarlas sin eufemismos y poner sobre la mesa otras medidas como la aplicación de la Carta Democrática y las sanciones que ella determina.

¡No, señor Maduro! Cuando se trata de democracia y de abusos tan execrables contra los derechos humanos de las personas, no existe “intromisión en la soberanía” de Venezuela. De lo que se trata acá es de la firme defensa de principios  fundamentales que la doctrina y el orden jurídico internacional reconocen por encima de cuestiones soberanas que son las que blanden  regímenes abusivos como el de Maduro para aferrarse al poder y continuar desconociendo impune y violentamente la voluntad de las mayorías”.

Ante un régimen tan abusivo e inescrupuloso, que no entiende de formas democráticas, solo cabe la resistencia civil y la presión de la comunidad internacional. Hacemos votos porque ello se concrete en el más corto plazo.

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