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Los Dioses del Olimpo, versión original (Parte III)

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Foto: rutadelvinodecarinena.com

III

Muchos pensamos que la ciencia de última generación, la que está revolucionando a la ciencia convencional, se acerca al modelo de captación de la « real » irrealidad del todo, más por medio de la intuición que por la vía racional. Me atrevo a decir que es cercana al modelo dionisiaco, al que he identificado en mi columna anterior con los patrones de captación del universo que utiliza nuestro hemisferio derecho.

Aunque todo el proceso de evolución científica esté sustancialmente sostenido por el universo lógico de los números y de las leyes de la física, las recientes teorías de la Física Cuántica, así como los experimentos que las verifican, no cesan de sorprendernos al mostrarnos cuán inconcebiblemente díscolo e irracional es el comportamiento del mundo subatómico, donde el tiempo puede llegar a desaparecer. 

El desbarajuste social causado por el exceso de libertades sexuales y consumo de vino, y la proliferación de estas « células donisiacas », o atomización de estas comunidades con su salvaje comportamiento a lo largo y ancho del territorio helénico, y que incluso llegaron a expandirse hasta la India, estaba haciendo desaparecer el concepto del tiempo lineal. O sea que estaba provocando un verdadero sismo en los fundamentos mismos de la concepción universal heredada. Ponía en peligro nada menos que al destronado padre de Zeus, el infalible Cronos, el Tiempo implacable.

A la nueva noción que desafía toda teoría física hasta ahora concebida de que el tiempo no siempre es regular, porque coexiste consigo mismo en el espacio pero en diferentes dimensiones, y como el espacio mismo el tiempo no es más que espuma cósmica, que no siempre avanza, que también puede detenerse y hasta dejar de existir, a la imaginación sin fronteras, a la intuición infinita del hemisferio cerebral derecho, que camina de la mano con la libertad de movimiento de las micro-partículas subatómicas, el alarmado Concilio de los Dioses puso fin. 

No voy a referirme al Apolo solar de la Grecia clásica, lider de las musas, tañedor de lira, patrón de la música, protagonista de la Iliada, « luz de la verdad », etc. Este Apolo es un avatar posterior al fenómeno que está haciendo desaparecer a la religión dionisiaca. En una etapa muy arcaica un nuevo culto ha empezado a emerger, es en su oscuro origen cuando Apolo me interesa porque representa nuestro hemisferio izquierdo : el que procesa la información secuencialmente y paso a paso la abstrae, el que tiene la capacidad de componer el lenguaje, el que convierte los datos disponibles en nueva información, es nuestro « hemisferio japonés ». Cuenta, mide y comprende el transcurso del tiempo, planifica y se rige por reglas. El nuevo culto al dios Apolo propone un pensamiento convergente y goza de los mismo atributos que las matemáticas : mide, analiza, reflexiona y ordena.

Por los años 1.100 AC ciertos pueblos del mar que surcaban el Egeo provenientes de Anatolia, en tanto que iban observando las estrellas iban desentrañando un pensamiento racional y científico, guiándose por la lógica líneal y binaria para aprehender las partes a fin de entender el todo.  Mientras que en el otro extremo de lo que luego se llamó la Hélade, ya desde la misma Edad de Hierro, en la Arcadia (patria de Pan) y en Tracia (patria de Dionisos), los pueblos pastoriles intuyeron que para entender las partes necesitaban partir de la imagen global.

Unos iban en una dirección y otros en el sentido inverso, tal como nuestros hemisferios derecho e izquierdo. Aunque ésta sea una forma muy elemental de presentar la diferencia entre ambos cultos, nos preguntamos cómo hubiese sido nuestro destino humano de haberse logrado en ese momento una simbiosis entre ambas religiones, en lugar de sustituir a una por otra. Que distinto sería el mundo de los hombres en la hora actual de haberse logrado una sincronización semejante a la que consiguen combinar nuestros geniales hemisferios cerebrales. Si la sociedad humana consiguiese esa ideal  complementación,  imprescindible para entender cómo encaja en el todo cada parte, todas y cada una de ellas, cómo encajan las partes entre si y cómo se relacionan, y simultáneamente entender qué significan por separado los componentes en si. 

Continuará…

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