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El hombre desorientado

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«Primero la arrogancia, luego la desgracia» (Proverbios 11.2). Imposible de entender cómo la humanidad se ha ido apartando de la naturaleza. Vivo en una metrópolis, esta primavera recuerdo que paseaba por mi barrio junto a mi joven alumna de español cuando de pronto exclamé: “¡mira los naranjos en flor, ah los capullos de azahar en plena eclosión, qué aroma delicioso!” Aunque me había escuchado se resistía, mi sugerencia de mirar las flores sonaba hueca a sus oídos, no desviaba la mirada de su Smart phone, si hubiese hecho lo que yo proponía estaría traicionando a su generación, hay que mantenerse firme, fiel a la causa. ¡No pueden despegarse!

Ultimamente con mayor frecuencia leo noticias sobre adolescentes que asesinan a sus compañeros y profesores, o a su propia familia, todo a través de Facebook; o se disparan a ellos mismos mientras filman un video en directo, no es un acto suicida, están “comunicándose” por medio de Instagram; otras veces filman sesiones de drogadicción, violación o envenenamiento en directo; otras causan accidentes mortales porque están jugando con Pokemón, mientras hay quienes se alistaban en la Yihad después de ciertos tuiteos, compraban su ticket por internet y viajaban con su laptop hasta el Estado Islámico para enrolarse. La sociedad de la aldea global sigue desarrollando sus proyectos impertérrita, aunque de sus hijos se trate. Obviamente hay padres responsables que buscan desesperadamente reeducar a sus vástagos antes de que cometan una barbaridad, pero a la mayoría de ellos se les escapa el cachorro, están demasiado concentrados en sus propios business para poder pagar el cole al niño, la U, y comprarle una moto como la del vecino. Por supuesto, nadie niega la importancia y el peso de las redes sociales, es una prioridad de nuestra era, no podríamos subsistir sin ellas, pero sí podríamos preguntarnos porqué los gobiernos del mundo no imponen límites a su uso.

De manera que por medio de los ciberataques se puede llegar a adulterar la campaña electoral de una potencia, tal y como estamos verificando, siendo naturalmente lícita la investigación relacionada a esta intromisión. ¿Porqué sin embargo las mismas redes tienen el derecho de entrar en nuestras casas y apoderarse de la vida de nuestros hijos sin que el ciudadano común tenga los medios de poder investigar, de poder frenar el lado nefasto de esta invasiva intromisión doméstica? El pater familia impotente ante el acecho, acobardado o desidioso, ha claudicado dejando en manos del destino a su prole. Los más jóvenes hoy tienen acceso a videos de ejecuciones, torturas, violaciones, pornografía infantil, etc. ¿Es de ellos la culpa? Padres, profesores y gobernantes, o no existen (y algunas veces hasta es preferible que así sea), o están demasiado atareados para vigilar a los que van a regir el mundo el día de mañana. La ciber-adicción está ganando terreno, ¿porqué están prohibidas las drogas y no toda esa basura que transita por las redes con efectos de cóctel Molotov? ¡Dale una botella de whisky y una moto a tu hijo adolescente para que veas! Pues este fenómeno del cyber espacio sin control es aún más peligroso.

Entre muchos otros héroes del ciberespacio, Bill Gates o Mark Zückerberg están entre los máximos exponentes, pues además de haberse hecho multimillonarios a partir de una idea han fundado instituciones benéficas y mantienen un lugar privilegiado en los círculos políticos. Sin embargo es a través de estas mismas redes que el terrorismo internacional ha venido desplegando su propaganda hasta la actualidad y captando a sus jóvenes seguidores. ¿No es acaso increíble que los gobiernos no actúen categóricamente a este respecto hasta la fecha? ¿Porqué se sigue difundiendo la propaganda terrorista? No debe de ser imposible restringir cierta información malévola en las redes, si el hombre ha llegado más allá de la luna este asunto es pan comido, además de urgente. Tenemos en nuestras manos el arma más poderosa del mundo: la tecnología de punta que pronto nos brindará la posibilidad de obtener una computadora cuántica doméstica, aunque por el momento la comercialización de ésta sea inimaginablemente cara, se intuye que llegará pronto el momento, ¿porqué no nos vamos preparando para recibir el imprevisible impacto de semejante coloso?  

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