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¡Ya nadie cree en nadie!

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Y hay suficientes razones para ello. “Creer o no creer” esa es la cuestión. Los franceses conservan una antigua máxima que dice “caiga la vergüenza sobre aquel que piensa mal” (“honi soit qui mal y pense”), es decir, sobre el incrédulo que duda. Un precepto judeo-cristiano que no deja de ser cuestionable. Pareciese que el tiempo no se hubiese transformado de modo sustancial desde la época en que los caballeros templarios se lanzaban sin pensarlo dos veces en pos de la “verdad”. Fue así que al paso de los Cruzados quedó devastado el valioso Imperio Bizantino, suma de culturas; casi todo el legado de la Grecia antigua; además de la depredación de Palestina y un sinfín de territorios desde el norte de Europa hasta Jerusalén. ¡Ah! no olvidemos que incluso antes de eso ya habían inventado la Santa Inquisición, aunque este detalle no invalida el proverbio.

Es preciso persistir en la búsqueda de la verdad última, para lo cual deberíamos aceptar el mensaje de que el ser humano es capaz de encontrar el Santo Grial, por ser en esencia una criatura bien nacida, a imagen y semejanza divina. En consecuencia resulta natural pensar bien de nuestro prójimo, por principio. ¿Tenemos las ideas claras en cuanto a lo que esto significa? Hoy en día justamente reencontrar “el principio” es el problema. Otra opción entre paréntesis sería tratar de encontrar “el principio del problema”, pero en este caso terminaríamos comiendo manzanas con Adán y Eva. ¿En algún momento de nuestra historia se aplicó la comunidad a ejercer los principios con plena conciencia y eficacia? Yo no lo creo - y no soy la única - pero finalmente éste no es más que un refrito, una simple declaración casi humorística.

Se supone que los Neandertales veganos fueron otra alternativa menos depredadora entre los homínidos, los científicos asocian el canibalismo a la típica agresividad del Homo Sapiens. Cierto es que dichas proteínas contaron a favor del proceso de desarrollo de nuestras competencias intelectivas, el mismo que afortunadamente no ha concluido aún – o tal vez no estamos en condiciones de imaginar tal conclusión - sin embargo vamos a ver si nuestro instinto casi antropófago de Homo Sapiens va a permitir que esto suceda. Al mencionar los beneficios proteicos en nuestro desarrollo cerebral no estoy intentando hacer publicidad de la MacDo, millones entre sus asiduos consumidores ni atan ni desatan. Nadie ha dicho que los Neandertales por ser vegetarianos gozaran de menos capacidad reflexiva, buena prueba de ello son las pinturas rupestres, collares y otros rastros descubiertos en sus cuevas. ¿Ya desconfiaba de su congénere el hombre primitivo? Oh sí, con seguridad, la prueba es que los Neandertales fueron aniquilados desapareciendo misteriosamente de la faz de la tierra, de no haber sido así tal vez hubiesen evolucionado en otra dirección más virtuosa, otro tipo de inteligencia menos auto destructiva que la nuestra.

En este preciso periodo nuestro querido país representa la síntesis del espíritu depredador al que me refiero. Me viene a la memoria un antiguo alcalde del pueblo de Bueno Aires – Trujillo, cuando lo interceptó la justicia por desfalco o algo así y lo destituyeron, él desafiaba a la muchedumbre que pretendía lincharlo argumentando: “!ustedes son responsables, nadie los obligó a votar por mí!”. Le doy la razón, no es únicamente la clase política - aunque obviamente es la principal responsable del caos actual - no obstante nuestra inconsciencia como votantes nos convierte en co-autores del entrevero en cuestión. El Perú actual, en el que ya nadie puede creer en nadie, el cual podríamos también calificar como “saltapatrás”, “zafarrancho”, “olla de grillos” o “arroz con mango”. Y a tal punto salta pa’ tras que ya vamos pisándole los talones al Homo Sapiens, camino de las cavernas. Sí, es cierto, hay otros países hermanos que en estos instantes se hallan en mayores dificultades, más cruentas aún que las que sufre el Perú (¡si es que esto es posible!) Baste nombrar a Venezuela, Cuba, Argentina o México.

Como tantos otros países de Latino América, la nación azteca por ejemplo, estrella relumbrante hasta hace pocas décadas, hoy en día prácticamente arruinada por causa del narcotráfico, con asesinatos sin tregua, naufragando en el peor de los tifones que haya arrasado los mares caribeños: el interminable huracán de la endémica corrupción de su clase política y empresarial que ha envuelto al pueblo y lo está devastando. ¿Qué diferencia hay con el Perú actual? ¿De nuestra propia ruina, podremos levantar cabeza? Por el camino que vamos lo más probable es que no quede títere con cabeza. Sería conveniente publicar la presente columna rápido, antes de que el Legislativo empiece a decirnos lo que podemos o no escribir. Es urgente limpiar la casa, sahumar los rincones contra los malos espíritus y recuperar la fe, ¡les habla la voz mordaz del escepticismo! Atención, no me refiero a una “fe ciega”, mejor dudar como lo hacían los filósofos griegos, mejor pensarlo dos veces antes de votar en las próximas, en vez de convertirnos en caballeros templarios del partido de turno y terminar lanza en ristre con un salto al vacío.  

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