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Afrodita

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A quien los romanos llamaron Venus, es símbolo de vida, de belleza y atracción sexual, por eso representa al mismo tiempo la irrefrenable fertilidad de la naturaleza. En el año 146 AC, tras la derrota de la liga Aquea en la batalla de Corinto, la Hélade fue conquistada por el imperio de Roma. Durante largos siglos de sometimiento los romanos bebieron profusamente de la cultura griega, entre muchos paradigmas constatamos el calco exacto de la cosmogonía olímpica con el simple cambio de los nombres de sus dioses. Para los pueblos de la antigüedad de esta parte del mundo el sexo no tenía carácter pecaminoso, todo lo contrario. No existía entonces el problema actual de la superpoblación. Desastres naturales, pestes y guerras con demasiada frecuencia arrasaban naciones enteras, así pues, el instinto de conservación de la especie explica la expandida veneración hacia la diosa. Los acadios, babilonios y asirios rindieron culto a Ishtar, los sumerios a Inanna, los egipcios la llamaron Isis, los Cananeos y Fenicios Astarté, sea su origen semita o mesopotámico, en general durante la Edad de Bronce la misma deidad fue venerada en el Levante y en todo el Medio Oriente. Hoy en día, a pesar del yugo que le ha sido impuesto por las diversas religiones del mundo condenándola al olvido, seguimos siendo sus devotos fieles.

El mito nos cuenta muchos episodios divertidos o dramáticos que no ha lugar aquí para poder relatarlos. El más importante sería tal vez la pasión que en ella despertó el joven Adonis, otro de sus amantes, el hermoso Ares, dios de la guerra, muerto de celos y disfrazado de jabalí fue quien le dio muerte cuando andaba de cacería. O también el repetido ritual de la renovación de su virginidad bañándose desnuda en las playas de Chipre. O la escena en que su feo esposo Hefestos - dios del fuego también conocido como Vulcano, según lo apodaron los romanos - sorprendió a los amantes. Habiendo fabricado una red invisible en su sagrada fragua atrapó como peces a ambos en plena cópula, arrastrándolos a través de mares y cielos enredados en la red irrompible hasta depositarlos a los pies de Zeus para pedir justicia. Los antiguos griegos concibieron a sus dioses con las virtudes y defectos inherentes al hombre, y cada uno simbolizaba tanto un aspecto universal como los rasgos distintivos del comportamiento humano en toda su complejidad. En cuanto al común de los mortales, ¿podríamos acaso obviar nuestra natural inclinación hacia la belleza y el llamado sexual?

El Universo en si es sexuado en su incesante deseo de fértil expansión, en su ilimitado impulso creativo. Esto es exactamente lo que representa Afroditi - como es su nombre en griego - nacida de la espuma del mar. Pero vamos a contar cómo se originó dicha espuma: en la teogonía más arcaica las deidades primordiales representaban a las fuerzas elementales, es decir al estado primigenio del Cosmos. Según la cosmogonía de Hesíodo el Χάος no significa el desorden sino el vacío previo a todo, hasta que el Caos se escinde y así nace la visión del cielo, Urano, separado de Gea, la tierra. Ellos se esposan y tienen como hijos a la primera generación de Titanes y luego a los Cíclopes de un solo ojo. Empero, el desconfiado Urano había decretado que sus hijos no vieran la luz del sol, de modo que Gea en venganza le pidió a su hijo el Titán Cronos que castrara a su padre. Algunas gotas de sangre cayeron en el mar junto con el esperma de los genitales de Urano, y del batir de las olas se formó la espuma sagrada de la que nace la diosa, cuando surge de las olas ya es adulta y más hermosa que ninguna.

“El alumbramiento asexuado ha sido concebido como una versión cosmogónica del principio cosmológico de la separación del cielo y de la tierra a partir de una masa indiferenciada, cuyo duplicado poético es el mito de la castración de Urano.” Hay más de un alumbramiento asexuado en las crónicas de los cultos místicos a lo largo de la historia, el último y más conocido en Occidente es el de la Virgen María. Entre muchos otros apelativos la diosa primitiva ostentó un nombre que personificaba el amor místico: fue llamada  “Afrodita Urania” (el amor celestial), pero con mayor repercusión fue evocada como “Afrodita Pandemia” (el amor humano), aunque la raíz de su nombre, Aphros, significa espuma, en alusión a que era una diosa extranjera venida por mar. 

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