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Déjenlos calatearse

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Ilustración: Guillermo Figueroa

Acabo de tuitear que apoyo abierta y militantemente la calatería en Machu Picchu y que me he calateado en lugares turísticos algunas veces. Las reacciones son positivas. Calatearse es divertido, obviamente. Y es una pena que a la Dirección Regional de Cultura del Cusco y a la policía del santuario les haya horrorizado el accionar de estos aproximadamente 10 turistas que se han calateado últimamente y los hayan reprimido con carteles, interrogado, detenido, fichado. Pero lo más divertido es que estos esfuerzos vienen siendo burlados (cada vez más gente quiere calatearse en Machu Picchu).

Calata en la selva

Me calateo sin complejos y la mayoría de veces cuando estoy de viaje. Por ejemplo: entro con un grupo de periodistas, autoridades y guías al río Ene a cubrir un informe sobre comunidades asháninka, todos hombres menos yo (pero esto es lo de menos). Caminamos a 40 grados de calor y en un momento de descanso paramos junto a un río. Yo he llevado mi bikini en la mochila porque cada vez que veo agua en la selva necesito meterme. Pero no me he puesto el bikini debajo de la ropa porque me incomoda. Entonces les digo, mirándolos a todos, más o menos esto: “Me voy a desvestir para ponerme mi bikini y meterme al río, y la verdad es que me da lo mismo si me miran o no, pero si se ofenden eso ya es problema de ustedes”. Dicho esto procedo a calatearme y me miran con una cara mezcla de asombro con ganas de ser cool ellos también, y callan. Yo me desvisto, tranquila y lentamente, sin saltar en un pie, sin encogerme, sin meterme entre matorrales llenos de espinas y zancudos, me saco el polo, el pantalón, el calzón y el sostén, me pongo el bikini sin apuros ni disimulos y me lanzo al agua encantada de mi vida. Si me he olvidado de meter el bikini en la mochila me baño en calzón pero sin nada arriba, porque no quiero mojar el sostén, y les hago la misma advertencia, por si acaso. Nunca he recibido una queja por esto y definitivamente a quienes menos les llama la atención este asunto es a los asháninka.

Calatas en España

He estado algunas veces en las playas del norte de España y es delicioso. Tienen unas ciudades tan elegantes y lindas junto a sus playas, que me provoca recorrerlas más o menos producida, de modo que me pongo mi vestido y camino por esas calles preciosas con mi hija, nos comemos algo rico y miramos tiendas, todo con nuestro maletín de playa porque luego iremos de frente a echarnos en la arena. Lo rico es que cuando llegamos a la playa podemos quitarnos nuestra ropa linda para ponernos el bikini, y desvestirnos delante de todo el mundo sin que nadie voltee ni se estrese ni nos diga que está prohibido. Luego pasan cosas incluso más raras. Al ver que la mitad de mujeres están en topless me animo, me quito el sostén del bikini yo también y me quedo así tranquila tomando sol, incluso a ratos con mi hijita enchufada a mi teta, cuando estaba en la edad de la lactancia. Y aquí tampoco voltean a mirarnos ni nos persiguen con letreros ni nos amenazan con llamar a la embajada peruana.

Déjenlos

También me he calateado a 5 mil msnm en Ausangate y en Huarmey y en Zorritos y en Cieneguilla, etc. sin problemas. Y sin complejos porque así somos. Tenemos todo eso que solo mostramos cuando nos quitamos la ropa. Eso también somos nosotros. Eso, sobre todo (debajo de todo debería decir), somos nosotros. Y aunque en el mundo abunden pervertidos sexuales y abusadores, esa tampoco debería ser una razón para cohibirnos sino al contrario: para ser menos reprimidos, menos compulsivos, menos enfermos. La desnudez no es una ofensa. Es natural.

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