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Una visita ingrata I

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La relación de amistad entre vecinos es siempre muy delicada. Una cruenta historia de conquista que data del siglo XV - hasta las primeras revueltas liberadoras que empiezan a estallar en 1819 - nos recuerda las heridas dejadas por el Imperio Otomano sobre la orgullosa piel de la Hélade, las cuales tal vez no se han cicatrizado del todo hasta la fecha. Durante los primeros años lucharon solos y heroicamente para librarse del yugo, pero a Francia e Inglaterra les interesaba demasiado esta independencia, así que decidieron apoyarla. A dicha gesta poco después se sumó Rusia.  A pesar de declarar la independencia en 1821 ésta tardó once años en poderse concretar, recién con la asistencia tardía de las tres potencias logra Grecia finalmente deshacerse del dominio turco al cabo de cuatro siglos, en 1827. Célebres cuadros nos muestran la flota de la alianza greco-franco-anglo-rusa en la batalla naval de Navarino, en la cual derrotaron a la alianza turco-egipcia, además un ejército francés desembarcó en la Grecia continental obligando a Turquía a firmar la paz. No es sino hasta 1832 que renace como nación, cuando se conforma la Asamblea Constitucional bajo la tutela del conde Ioannis Kapodistrias, su primer presidente democrático. Casi un siglo después de la primera declaración independentista griega el otrora todopoderoso Imperio Otomano se ve obligado a redefinir sus fronteras. La naciente República Democrática Helénica, Francia, Rusia, el Reino de Italia y el Reino Unido firman con Turquía el Tratado de Paz de Lausana, en 1923. En consecuencia Grecia recupera la integridad de su territorio original. Además, entre otras cosas, la población turca residente en Tracia es repatriada en su mayoría, así como respectivamente 1 650 000  griegos son desplazados desde Turquía de regreso a casa.

En el mes de octubre el señor Nikos Kotzias, Ministro de Exteriores griego, fue de visita oficial a Ankara con el propósito de consolidar el mutuo acuerdo de cooperación en múltiples asuntos, tanto políticos como comerciales. En un bien intencionado gesto de acercamiento invitó al Presidente de Gobierno turco, el cual aceptó de buen grado el recíproco convite de su vecino para venir a Atenas. Renovar convenios y estrechar lazos de amistad entre ambas naciones, resulta prioritario en medio del ambiente enrarecido reinante, cuya espesa bruma sigue invadiendo esta parte del planeta. El Ministro Kotzias llegó a Ankara con su maletín de ejecutivo bajo el brazo y una diplomática sonrisa. Poco más de un mes después el Presidente Recep Tayyip Erdogan, que no se fía de nadie, ha traído bajo el brazo a un contingente de 200 soldados de la guardia nacional turca para resguardarlo, más una detallada lista de reclamos  y de sonrisa “cero”. Algunos de estos, no obstante haber salido publicados desde hace una semana en todos los diarios del mundo, vale la pena volver a mencionar debido a su contenido extremadamente discorde respecto a los acuerdos bilaterales vigentes, así como a la forma poco elegante de plantearlos, actitud reiterativa en el mencionado dirigente.

Durante los días 06 y 07 de diciembre la ciudad de Atenas se transformó en una auténtica fortaleza, la fuerza policial desplegó a sus miles de efectivos uniformados y los grandes camiones blindados acordonaron todo el centro de la capital, el tráfico interrumpido y cientos de policías secretos vestidos de paisanos merodeando por todo el circuito que rodea el Parlamento y los lugares que tenía que pisar el  Señor Erdogan. Extremar las medidas de seguridad fue su primera exigencia. ¡Qué alharaca! Aquí cada día el Presidente de Gobierno, o el Primer Ministro Alexis Tsipras, se desplazan en un coche negro precedido por otro igual, más un par de motos, y todos sabemos que se trata de ellos, en un régimen democrático no tiene cabida el culto a la personalidad.

Una visita oficial no es una visita de turismo, cada palabra, cada gesto, incluso el tono de voz, es tomado en cuenta y evaluado con extrema cautela por quienes reciben el mensaje antes de decidir cuál va a ser la respuesta. Durante el desarrollo de un evento diplomático de alto calibre, como ha sido este encuentro debido a la tensión existente entre ambos países, no cabe ningún tipo de desmán que pudiese suscitar desavenencias. He aquí un resumen de las exigencias del sutil Presidente turco, invitado de honor. 

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