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!Y un próspero año 2018!

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La penúltima vez que tuve el placer de compartir con familia y amigos una linda fiesta de Noche Vieja en mi país fue hace años, desde el amplio balcón se divisaba toda la ciudad de Lima iluminada por los fantásticos reflejos de los fuegos artificiales. Tanto en los barrios más pobres como en los más favorecidos la gente había invertido su dinero en esta extravagante costumbre. La última vez fue en una playa sureña, la visión de las flores de fuego brillando sobre la bahía no la podré olvidar jamás. Soy una emigrante peruana desde hace décadas (una más entre tantos buscando soluciones en el extranjero), aquí en Atenas donde resido rememoro lo vivido. Deleitándome con el aroma del mar subo cada año a la medianoche del 31 de diciembre a la colina de Philopappou, cuya cima es el mejor mirador para contemplar la bahía iluminada por las estrellas de luces de bengala, y desde allí brindo por mi país.

No por tratarse de un bizarro y peligroso juego de ilusión deja de ser espléndido. A pesar de las inmensas diferencias culturales y políticas que nos distancian entre continentes, a pesar del esfuerzo económico que representa, es curioso que una gran mayoría de países del mundo celebran esta noche del mismo modo, es decir con el espectáculo de fuegos celestiales y “tirando la casa por la ventana”. Lo que es en Italia no se puede caminar por las calles a esa hora, a riesgo de que te caigan sobre la cabeza escobas y muebles viejos arrojados desde las ventanas, justo a las doce, cuando repiquetean todas las campanas. Debo advertir a los lectores connacionales de no seguir este nocivo ejemplo debido a las incertidumbres económicas vigentes. Lo de dar una vuelta a la manzana con la maleta en la mano para salir de viaje en el año venidero  también es superstición internacional, (más bien esto sí que lo recomiendo por siaca). Decimos que portar el color amarillo trae buena suerte (sobre todo si se refiere a las prendas íntimas, pero en este caso tiene que ser “patito”), y es porque el amarillo significa prosperidad, y es el color milenario de la China que inventó hace ya muchos siglos los fuegos artificiales dando origen a tremendo festejo.

A propósito del significado de esta gran palabra “celebración”: el pasado 28 de Julio envié mis felicitaciones por Fiestas Patrias a mi gente, la mayoría me respondió que no había nada que festejar. Sé que muchos lectores me van a responder lo mismo en estos momentos de temblores políticos y graves inquietudes. Algunos de mis artículos los escribo con antelación por razones de viaje, sé que hoy 17 de diciembre el Perú más que una República parece un barco a la deriva. Sin embargo, ¿qué me queda? ¿Sería más acertado no felicitar a mis acongojados compatriotas por el año venidero? ¿Vamos acaso a perder las esperanzas de hacer valer nuestro derecho a una pronta recuperación del equilibrio democrático? ¡Arriba los corazones! Invoquemos a la fuerza y el aplomo en nosotros mismos a la hora de brindar a la medianoche del 31.

El cuerpo y la mente del pueblo peruano necesita un respiro. Muy lamentablemente en estos mismos espantosos sobresaltos  hemos sobrevivido desde que tengo uso de razón, esto es hace algo más de medio siglo, y seguro que antes de que yo naciese fue peor. Le deseo lo mejor a mi patria, lo que significa “estabilidad” ¿Cuándo le llegará? ¡Ni idea! Mientras tanto les sugiero que se reúnan con familiares y amigos y establezcan una tregua frente al desasosiego, por el bienestar de vuestro hogar y de vuestra salud. Lo cual significa brindar, los abstemios y los niños deben brindar con una rica chocolatada que también es cosa magnífica. Lo único importante es que entonemos con potente voz ¡Salud! ¡Salud por los peruanos! Todo se puede recuperar menos la salud mental de un pueblo, y el nuestro está a punto de perderla, para evitar el estropicio invoquemos la alegría. Cantar, bailar, compartir una cena por más humilde que ésta sea, brindar y abrazarnos, toneladas de amor, eso es lo que más necesitamos en esta noche del 31 de diciembre. Para recibir este Año Nuevo les deseo: una mega producción de dulces endorfinas, serotoninas y dopaminas, y además una buena cantidad de feromonas.

¡Felicidad a todos los peruanos en el Año 2018! 

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