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De nuevo y a acomodarse: el mandato es a consensuar e integrar

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Foto: radionacional.com.pe

Este proceso electoral no es  perfecto, pero dentro de la línea de consolidación democrática en curso,  nadie podrá tacharlo de fraudulento. Y ahora que se ha confirmado la segunda vuelta, con una reñida final por el segundo lugar, entre los representantes de Fuerza Popular  (FP) y Peruanos por el Kambio (PKK) empieza una nueva etapa que debe servir para superar las fallas de la primera vuelta y centrarse en un debate programático sobre las urgencias presentes e históricas del país.

Tras una campaña signada por la confusión, los pullazos, la preocupante división entre los ejes centro-norte y sur,  y la resurrección de extremismos ideológico-políticos, el llamado de las urnas  es al consenso y la integración nacional, es decir a un gobierno de concertación nacional.

Se trata de un objetivo difícil, pero absolutamente necesario en vista de la coyuntura actual que no admite más experimentos ni improvisaciones, mucho menos cuando, con ópticas radicales y revanchistas,  se pone en cuestionamiento la estabilidad constitucional y el modelo económico que ha traído crecimiento en  las últimas dos décadas.

Por ello, ante todo, saludamos la masiva participación democrática en estos comicios, que no puede achacarse simplemente al temor de la multa. En un momento tan delicado para el país, un ausentismo de solo 15%, como lo subrayan algunos observadores internacionales, es realmente auspicioso y evidencia la preocupación ciudadana por sus gobernantes.

MAYORÍA CONGRESAL: TAMAÑA RESPONSABILIDAD

En cuanto a resultados, pues debemos  saludar el triunfo de FP: Su candidata presidencial logró cerca del 40% de la votación y tendrá una representación nacional de casi la mitad del Congreso, lo que lo afirma como un sólido partido nacional. Sin embargo, la otra cara de la moneda que estos resultados  le imponen es una enorme e insoslayable responsabilidad. Si su candidata resulta elegida presidenta, pues no puede comportarse  como una sucursal de Palacio que se limite a aprobar lo que le envíen, pues ello además de antidemocrático reeditaría lo peor de los años 90 y acentuaría la polarización política.

Y en caso de que el presidente sea el candidato de PPK pues le toca actuar en consecuencia, afirmándose como una oposición democrática no obstaculizadora ni recalcitrante, que junto con el Ejecutivo  avance las leyes necesarias para el país. Sería una buena señal que, independientemente de quien resulte elegido presidente, los congresistas de FP y PPK se aboquen de inmediato a debatir la postergada reforma política y electoral, que con graves consecuencias sigue en salmuera.  Como ya lo hemos dicho aquí, la renovación por tercios del Parlamento, la eliminación del voto preferencial, el sufragio libre y la elección por distrito uninominal, son asuntos fundamentales que no pueden rehuirse más http://espacio360.pe/noticia/actualidad/congreso-no-puede-rehuir-reformas-politicas-ea9c-user29-date2014-10-11-actualidad?page=post).

Esperamos que, por el bien del país y de su propio partido,   así lo entiendan sus líderes y seguidores. Es también una cuestión de sentido común, de visión de largo plazo y de supervivencia política,  pues este partido no puede convivir eternamente con los altos niveles de rechazo que aún genera en gran parte de la población  que no olvida los excesos autoritarios y contra los derechos humanos de la década de los 90.

Otra sorpresa positiva ha sido la afirmación del partido Peruanos por el Kambio gracias a la perseverancia y el carácter de su fundador, que en varios años ha podido atraer nuevos afiliados y cuadros, y  exhibir ahora sólidos equipos técnicos  y coherentes programas de gobierno. Ha logrado el pase a la segunda vuelta y alrededor de 23 congresistas, pero el camino a Palacio está aún muy lejos. Su experiencia, su voluntad de apertura y su bajo nivel de rechazo comparado con la otra fuerza en contienda, serán cartas importantes de cara a la segunda vuelta.

AUGE Y CAÍDA DE LA IZQUIERDA

En lo que se refiere al Frente Amplio, pues resulta auspicioso que un movimiento de izquierda haya despertado, como no se veía en años,  tanta expectativa, sobre todo en el sur. Sin embargo, hay que puntualizar dos cosas: primero que esto se ha dado en las últimas semanas de la primera vuelta, y solo luego de la exclusión de Julio Guzmán y César Acuña;  y luego que mucho del crédito corresponde a una candidata joven y carismática como Verónika Mendoza,  que supo darle  rostro humano a un frente de grupos dispersos formado básicamente a partir del grupo radical que apoyó al Ollanta Humala de la “gran trasformación” el 2011.

En todo caso, la gran votación de Mendoza refleja también --en medio de los violentos estertores de grupúsculos  narcoterroristas--,  la desafección que embarga a gran cantidad de peruanos. Esto debe llevar a profunda reflexión no solo a la clase política y empresarial sino también al Estado en sus diversas formas, sobre todo a los gobiernos regionales. Hay mucho por hacer para integrar a estos ciudadanos a una peruanidad que entiendan como  educación, desarrollo, empleo y modernidad: El Estado a su servicio y no al revés. No podemos esperar un nuevo recambio presidencial  para reparar en esta grave fractura, de impredecibles consecuencias.

Sobre el destino de la izquierda habría que preguntarse, en todo caso,  qué hubiera pasado si el candidato presidencial hubiera sido Marco Arana, de extremo discurso antiminero y responsable principal de la paralización del proyecto Conga. Y con otro candidato en contienda, aún más radical como Gregorio Santos que sorprendentemente captó mayoría de votos en Cajamarca, los retos de la izquierda van desde unirse de modo institucional y depurando cuadros radicales, hasta afirmarse en su carácter democrático e institucional y sacudirse de discursos polarizantes y divisionistas entre ricos y pobres, así como de  estereotipos que la persiguen, a veces con razón y otras no.

En estas circunstancias, sin renovar su pensamiento anacrónico ni sus cuadros técnicos, y cuando además se reclaman, de modo confrontacional, como los detentadores de la ética, la esperanza y la justicia (y todos los demás son corruptos o explotadores) ¿qué confianza podría tenerse en su propuesta de cambiar el modelo económico? ¿Hacia dónde y para qué? De pronóstico reservado.

Si muchos peruanos temen hoy el avance de la izquierda no es  pues culpa de sus adversarios políticos, sino de los terribles recuerdos que suscita la estatización velasquista, los resabios de la prédica ideológica y criminal de Sendero Luminoso de Abimael Guzmán y  de las imágenes de abuso, confiscaciones, inflación milenaria, pobreza y persecución de los opositores políticos de que hace gala el “socialismo del siglo XXI” del chavismo y de Nicolás Maduro en Venezuela.

ESTRELLADOS Y PARTIDOS…

De los otros partidos es interesante el resurgimiento de un partido histórico como Acción Popular, que ha pasado la valla de la mano de Alfredo Barnechea con su agenda centro-progresista. Y, en cuanto a  Alianza para el Progreso, que ahora sin candidato presidencial ha logrado más de 10 congresistas, pues puede dar aún mucho más si trabaja en consolidar su partido y superar los  escollos caudillistas y clientelistas. Para el Apra, a pesar de que con las justas mantiene la inscripción, ha sido una dura derrota para el partido y para el ex presidente Alan García, que tentaba tercamente un tercer partido, sin dar paso a un recambio generacional; al igual que el PPC, otro  partido de igual relevancia histórica pero en claro declive, que se aventuró a una incierta alianza con un partido con el que antes rivalizó duramente.

Todos por el Perú, con Julio Guzmán a la cabeza,  fue víctima no solo del reglamentarismo de la normativa electoral, sino también de su inexperiencia y los gestos contradictorios de un ‘outsider’ que pretendía llegar al poder a la primera en un vientre de alquiler. Su reto ahora, en los próximos cinco años, es trabajar por una institucionalidad partidaria que puede convocar y competir en los próximos comicios. En cuanto a los otros partidos que no pasan la valla electoral, es lamentable el ocaso, por obra y gracia de su fundador,  de Perú Posible que una vez gobernó el país, lo que nos hace ver nuevamente la urgencia de contar con partidos sólidos y no esperar el surgimiento de nuevos ´outsiders´, aventureros o caudillos en cada elección.

Finalmente, una última acotación: Corresponde al presidente en ejercicio, Ollanta Humala,   entender que, como jefe de Estado, debe actuar como Jefe de Estado de todos los peruanos y mantener la neutralidad, sin interferir de ninguna manera en el proceso electoral. Desde este punto de vista, está bien  que haga un llamado principista a afirmar la democracia, pero   resulta impertinente que critique a  las autoridades electorales o se dedique a  sermonear a los candidatos sobre lo que deben o no deben hacer con su “legado”.

Esperamos ahora, un debate presidencial sobre propuestas que afirme la gobernabilidad y la alternancia democrática en paz: un cuarto gobierno elegido legítimamente es un hito en la historia nacional que nos enaltece y enorgullece, tras una historia pendular de golpismo malsano y corruptor.

El país reclama gobernabilidad e institucionalidad con base en líneas programáticas sustentadas cabalmente. Queda mucho por hacer, pero estos ajustes deben hacerse de modo gradual y tendiendo puentes entre todas las fuerzas políticas y sociales (lo que no significa tomas y dacas a cualquier precio para lograr apoyos fatuos), dentro y fuera del Congreso, para afirmar la gobernabilidad democrática y hacer un país más desarrollado, inclusivo e integrado, con justicia e igualdad de oportunidades. ¡Hay futuro!

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