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Alimentos amigos del bosque

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Foto: seresponsable.com

Mi amigo Noam Shany, que acaba de volver de Natural Products Expo West en California, la feria productos naturales (alimentos, cosméticos, etc.) más grande del hemisferio occidental, y que congregó a más de medio millón de agentes y representantes de empresas, me comenta: “no pasarán más de dos años y verás que la mayoría de alimentos en los mercados del mundo desarrollado deberán tener una etiqueta indicando que no han contribuido a la deforestación, esto es, que sus insumos no han sido cultivados a costa del bosque.”

Efectivamente, cada vez más alimentos, cosméticos y otros productos se venden en ciertos nichos de mercado con etiquetas como ‘orgánico’, ‘comercio justo’, ‘amigo de los pájaros’, ‘amigo de los delfines’, ‘libre de transgénicos’, entre otras similares. Pero ahora la iniciativa busca entrar a las ligas mayores: muchas grandes compañías agrícolas y de alimentos, incluyendo Cargill, Danone, Nestle, Unilever y otras, están cambiando hacia productos más sostenibles y han asumido compromisos como el de “deforestación cero”. Esto es, no van a incluir en sus cadenas de abastecimiento ningún producto que haya sido cultivado a costa del bosque., con lo que a las etiquetas anteriores se sumará la de ‘forest friendly’ (amigo del bosque). Esto incluye a “commodities” como la palma aceitera y a la soya, que son las causantes de la pérdida de varias decenas de millones de hectáreas de bosques tropicales en la última década, especialmente en Malasia, Brasil y Paraguay.

En Perú no tenemos soya cultivada en los pobres suelos amazónicos, pero sí palma, cacao y café. El cacao se ha convertido en el motor más grande de deforestación en los últimos años, gracias a los programas de promoción de varias agencias, tanto gubernamentales como de cooperación, y de los gobiernos regionales y locales, que no han tenido en cuenta criterios de sostenibilidad y de ordenamiento territorial. La plaga de roya que asoló los cultivos de café también forzó a muchos campesinos a buscar otros cultivos alternativos.

La que es buena noticia para el planeta no lo es tanto para los promotores de monocultivos en nuestra selva, que se han valido de la debilidad de nuestra legislación y de nuestro aparato judicial para seguir talando bosques primarios. Al final, el anunciado “cacao sostenible” de Tamshiyacu, en Loreto, se topará con el Señor Mercado… Si es que llega a producirse en estos pobrísimos suelos ricos en cadmio y aluminio…

Estas decisiones tan drásticas no han sido tomadas por estas compañías gigantes solo por una voluntad de “greenwashing” o reverdecimiento para estar a la moda, sino por presión de los propios consumidores, cada vez más conscientes de los riesgos que enfrenta el planeta por el cambio climático y las emisiones de carbono (en este caso las causadas por la pérdida de bosques). Los consumidores, especialmente en los países más desarrollados, cada vez exigen productos más naturales y sostenibles, y presionan para que las cadenas de abastecimiento de los productos alimenticios y cosméticos se “limpien” de productos dañinos para el ambiente o que exploten a las personas.

En los últimos años han tenido mucho éxito las campañas lanzadas por Greenpeace, Rainforest Action Network y otras organizaciones contra productos como la palma aceitera o la pasta de papel, que estaban aniquilando los bosques tropicales, especialmente en el sudeste asiático, o el cacao proveniente de plantaciones en Costa de Marfil, que usaban trabajo esclavo de niños. Los mercados están respondiendo a estas tendencias: Noam me explica que en EE.UU. el consumo de alimentos convencionales está disminuyendo en torno al 5 % al año, mientras el consumo de alimentos naturales se incrementa en cifras cercanas al 18 % al año. Muchas organizaciones conservacionistas también están haciendo incidencia, con las compañías agrícolas y de alimentación, y con los consumidores, para combatir las causas de la pérdida de bosques tropicales, especialmente la avidez insaciable de los mercados globales por esos commodities culpables de la pérdida de los bosques tropicales.

Estas tendencias globales representan una gran oportunidad para el Perú, donde todavía existen 2.2 millones de pequeños campesinos que en buena medida cultivan productos nativos con técnicas tradicionales, sin muchos insumos químicos (unos 55 mil ya están certificados como orgánicos). Los países más desarrollados llevan décadas maltratando sus suelos con agroquímicos (algunos cultivan masivamente transgénicos), por lo que los agricultores tienen problemas para retornar a la agricultura tradicional y obtener la certificación orgánica. Cabe por ello felicitar por su visión a la Provincia de Datem del Marañón, en Loreto, la primera del Perú en declararse orgánica con una ordenanza municipal.

Es casi seguro que en un futuro próximo cada producto puesto en el mercado incluirá en su precio no solo los costos de producción y el margen de ganancia de las empresas, sino los costos ambientales, las ‘externalidades’ que ha causado su cadena productiva en términos de recursos y energía consumidos, y de desechos liberados al ambiente (incluyendo las emisiones de gases efecto invernadero, por supuesto, lo que hoy se ha dado en llamar “la huella de carbono”, a través del tan reclamado impuesto al carbono). Lo mismo ocurrirá con los servicios. Algunas empresas peruanas ya se están preparando y anuncian sus metas para llegar a ser “carbono neutrales”.

Así que ahora los consumidores de las ciudades, tan lejos del bosque tropical, sí pueden contribuir con su conservación y ayudar a salvar el planeta del cambio climático, al tiempo que llevarán una vida más saludable: consumiendo productos certificados en cuya producción no se ha dañado los bosques o contaminado el ambiente, y cuando haya oportunidad, consumiendo productos cosechados sosteniblemente del bosque por comunidades locales, con lo que las ayudarán también a salir de la pobreza. Avisados están.

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