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Carreteras amazónicas y subdesarrollo

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Foto: renovablesverdes.com

Dicen que el Presidente Belaúnde, tan promotor él de la colonización de la Amazonía (a la que consideraba equivocadamente “el granero del Perú”) se opuso a la construcción del tramo sur de la llamada ‘Marginal de la Selva’ porque afectaría el P. N. del Manu. Y razón no le faltaba. Hoy sabemos que las carreteras en la Amazonía son sinónimo de destrucción del patrimonio forestal, de afectación de derechos de los pueblos amazónicos y crecimiento incontrolado de actividades ilícitas. La mayoría no solo carecen de sustento económico (la efímera producción agrícola en sus suelos no justifica la inversión en construcción y mantenimiento) sino que tienen enormes costos ambientales y sociales, los que no suelen ser considerados en el análisis costo-beneficio.

Las carreteras se justifican menos aún en selva baja, donde los suelos no inundables son particularmente pobres, y donde los ríos son las “carreteras naturales” y fuentes de recursos vitales como pescado y suelos aluviales para agricultura. Ahí los ejes carreteros son sinónimos de degradación, pobreza y subdesarrollo, literalmente, porque para los pobladores amazónicos a la larga significan la pérdida de su patrimonio natural, que es la base de su economía, y hasta de sus territorios.  

Cuando estas carreteras afectan áreas protegidas o sus zonas de amortiguamiento, como es el caso de la impulsada entre Nuevo Edén – Boca Manu y Boca Colorado por el GORE Madre de Dios, la cosa se agrava. Diversos estudios demuestran que los ejes carreteros en la Amazonía, debido a la debilidad de los Estados, terminan afectando seriamente la integridad ecológica de los ecosistemas en una franja que alcanza hasta los 50 km a ambos lados, por la invasión de madereros y mineros ilegales, y traficantes de tierras. Es previsible el enorme impacto que provocaría una carretera en medio de dos áreas protegidas tan frágiles y biológicamente relevantes como el P. N. del Manu y la Reserva Comunal Amarakaeri. Para comenzar, cortaría la conectividad natural y el flujo de genes entre poblaciones de fauna y flora de ambas áreas, que actualmente constituyen uno de los corredores biológicos más biodiversos del mundo.

Pero el impacto no solo es biológico, pues afectaría a los pueblos indígenas cuya economía depende de la salud y productividad de estos ecosistemas, y sería fatal en particular para los pueblos indígenas en aislamiento voluntario que como se sabe habitan el P. N. del Manu, y que son tan vulnerables a las interferencias con otros humanos. La Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD) ya expresó su rechazo a la carretera, debido a estas consideraciones y a la vulneración de la normativa vigente: el proyecto carece de un EIA y no ha pasado por consulta previa, a pesar de que afecta territorios y derechos indígenas. Para beneficiar a un grupo de colonos y de mineros ilegales se afecta derechos de muchos otros ciudadanos, de las presentes y futuras generaciones. Cabe recordar además que el Perú ha suscrito compromisos internacionales de reducción de la deforestación en el marco de las negociaciones relativas al Cambio Climático.

La cantidad que el GORE M. de Dios ha destinado, según su expediente técnico, al manejo ambiental y la mitigación de impactos ambiental es de apenas 1,500 soles, lo que da una idea de su visión sobre el futuro de la Región. Los que vengan detrás, que apaguen la luz y cierren la puerta. 

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