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¡Cuídate de los Idus de Marzo Tsipras! II, por Elvira Roca-Rey

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 Foto: oscarmariobeteta.com

Los interesados en la mitología griega debemos aceptar que toda trinidad es simbólica - equivale a representar las tres manifestaciones relevantes de la personalidad divina en cuestión - por lo tanto la Medusa es una sola. Si el héroe de turno vence la deuda, las otras dos hermanas quedarán supeditadas a un prometedor futuro resultado de esta hazaña. Si este gobierno pudiese salir victorioso del atolladero financiero la situación de creciente tensión con Erdogán dejaría de ser la bravata preeminente y vigente hasta el día de hoy  y se convertiría en un contencioso en las cortes de La Haya. Sin embargo hay una mujer que podría influir en tan crucial circunstancia, se llama Christine Lagarde, patrona del Fondo Monetario Internacional. Si ella lo decide, desde su ventajosa situación podría intentar mediar en favor de Grecia ante sus acreedores.

No olvidemos a la tercera hermana, la gorgona Euríale, quien mantiene petrificados a un número creciente de desamparados venidos desde distintos continentes forzados por la miseria o en su mayoría por la guerra para buscar refugio en Europa, pero que han quedado entrampados en tierra griega sin poder continuar hacia el destino previsto. Este contingente humano se encuentra literalmente paralizado en campos de socorro, llamados “hotspots”, el tiempo discurre y no hay solución para ellos, como no sea la devolución hacia su dramático origen, a lo que Grecia por principio ético se ha negado hasta ahora, pero tampoco puede integrarlos a un país en paro total. Por otro lado Erdogán que mantiene a otra atiborrada legión de emigrantes en territorio turco ha amenazado con soltarlos hacia Grecia vía marítima, y de un solo golpe, lo cual equivaldría a una invasión de consecuencias imprevisibles. Turquía insiste en su pretensión de ser incluida en la Unión Europea, pero en razón del régimen totalitarista y la probable aplicación por parte del gobierno turco de la pena de muerte, sumado a los desmanes cometidos últimamente por la escabrosa razia, la Unión se ha abstenido de aceptar dicha solicitud hasta la fecha.

Ya veremos lo que puede suceder a partir del momento en que el presidente norteamericano (enemigo declarado del proyecto europeo) decida finalmente qué es lo que va a hacer con Turquía, porque en ese país mantiene Mister Trump inversiones muy importantes de su capital privado. Aunque por otro lado, mientras dure la luna de miel con Putin, no va a jugar a favor de Erdogán. En fin, vamos a ver qué sucede en esta ya cercana primavera, mucho depende de las próximas elecciones francesas, holandesas y húngaras, naciones con un alto electorado a favor de políticas que nos hacen retroceder a los tiempos del proteccionismo y del populismo de inicios de la Segunda Guerra Mundial.  Si ellos ganan la primera medida va a ser la deportación masiva de refugiados políticos e inmigrantes indocumentados.

Shakespeare en su obra Julio César ya citaba a los romanos “¡Cuídate de los Idus de Marzo!”  Y es que en el calendario pre Juliano, es decir de la antigua Roma, la luna llena de marzo inauguraba el Año Nuevo. En ese entonces los ciudadanos celebraban con festines la llegada del año durante tres días, del 14 al 16 de marzo, que fue cuando sucedió el asesinato de Julio César en su camino hacia al Senado. Según Plutarco fue advertido por una vidente, pero él no le  prestó atención. No estoy prediciendo desgracias ¡que el Oráculo de la Sibila me libere de ello!, sin embargo el asesinato político de Tsipras es una amenaza tangible, y es materia candente porque los que se han enconado contra el Syriza también hablan sin cesar de una posible Grexit. Sería pues un nuevo triunfo de Trump, “divide y vencerás”, Europa desunida es su mayor ambición.

Los Idus traían el feliz advenimiento del año (significa “días auspiciosos”), pero desde que asesinaron a Julio César se interpretaron a la inversa, la superstición sobrevino con cierto fundamento pues el año 44 AC marcó un cambio radical y definitivo en la historia de Occidente, el declive de la Republica trajo consigo la transición hacia el Imperio Romano, con lo cual el poder del Senado y de la Democracia quedó sepultado por varios siglos. ¡Y el que le clavó la daga era su protegido!    
     

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