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Reconstrucción = actitud positiva, por Elvira Roca-Rey

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Foto: Perú21

Esta vez no voy a dirigirme a las autoridades sino al pueblo peruano. Obviamente que éstas tienen la mayor carga, el gobierno y toda su tupida red de funcionarios públicos tienen una inminente obligación en el proceso de reedificación del país. Suponiendo que ellos vayan a cumplir a rajatabla con su deber, aún en este caso no sería suficiente para recobrar el aliento imprescindible para que una nación continúe progresando. No quiero ser negativa (al contrario, esta columna tiene como único propósito levantar el hundido ánimo y pretendo demostrar que es posible), pero a pesar de los pesares no puedo dejar de refrescarles la memoria: después del terremoto que dejó a Ica semi sepultada y luego de habernos hartado escuchando vanas promesas gubernamentales, los damnificados hasta la fecha siguen olvidados en el polvo. Para muestra un botón, la lista recordatoria de negligencias cometidas por las distintas administraciones a lo largo de las últimas décadas es interminable e imperdonable, y esto es que me estoy refiriendo únicamente a luctuosos sucesos relacionados con fenómenos naturales. La consecuencia es que nos han convertido en fervientes devotos del escepticismo, el cual además es rasgo característico del espíritu limeño, puede que esto se deba a su cielo casi siempre encubierto pero sobre todo a un lúcido sentido de la realidad. Y sin embargo…ésta puede cambiar. Mejor dicho, la podemos hacer cambiar. 

La desgracia que nos ha dejado la serie de huaycos se muestra vigente ante nuestros ojos, en la balanza el sentimiento de tristeza e impotencia pesa más que cualquier esperanza, no hay cabida para una visión positiva, ¿qué hacer para revertir semejante daño psicológico? Si bien es cierto que en momentos como estos resulta imposible evitar las emociones negativas - tan naturales como el efecto de la gravedad, así que hay que dejarlas fluir, y sin embargo…sabemos que ese río turbio se tornará de nuevo cristalino - igualmente cierto es que la capacidad de recuperación del ser humano es inaudita, el instinto de conservación de la especie lo protege de modo ilimitado. Intentemos pues aprovecharlo en un esfuerzo conjunto, con espíritu patriótico y desinteresado. Para lograr lo que algunos pesimistas van a tildar de utopía, he aquí algunas sugerencias.

En nuestra actitud personal reside el secreto de la restauración, no podremos restituir el bienestar al país si somos una congregación deprimida y apática, de manera que nuestra obligación prioritaria es levantar cabeza. Imprescindible resulta organizar nuestros requerimientos ante el gobierno central a través de los municipios; vamos a empezar coordinando a las fuerzas vecinales para luego extendernos a todos los ámbitos de la sociedad buscando el apoyo de los medios; a fin de obtener resultados concretos a nuestras necesidades más perentorias vamos a salir a las calles en protesta si no nos hacen caso; vamos a ser vigilantes, luchando contra todo tipo de corrupción; vamos a patalear si fuese necesario hasta lograr nuestros objetivos y vamos a vencer todo obstáculo. Este discurso ya lo conocemos, no estoy diciendo nada nuevo. Tampoco es pan comido ya lo sabemos. Y sin embargo…no hay otro camino. 

Pero ¿cómo dar el primer paso si el azar ha querido que perdamos a un ser querido o tal vez nuestra casa? “Exultando en la desgracia” solía repetir el filósofo Friedrich Nietzsche, quien a pesar de su enfermedad, abandonado y en doliente solitud nunca perdió el ánimo, jamás permitió que su invencible voluntad decayese ante las amenazas del destino. El comprendió la percepción del fracaso como oportunidad para alcanzar la “resiliación”, concepto que tiene su origen en la Física, en el que se describe “la capacidad de un material para recobrar su forma original después de haber sido sometido a una presión deformadora”. El término se refiere a “la capacidad de un individuo para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, o situaciones traumáticas, y recuperarse saliendo fortalecido y con mayores recursos”. Entonces, en primer lugar: no vamos a ningún lado con la cabeza gacha, hay que despegar la mirada del suelo, mirar hacia arriba y caminar erguidos. ¡Actitud positiva! Recuperemos la alegría que produce endorfinas para poder trabajar conjuntamente en pro del país. Hace 30 millones de años (cuando los monos del viejo mundo y nuestros antepasados directos divergieron) sobre la faz de la tierra apareció la sonrisa, nuestro verdadero tesoro.

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