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Historia de la Acrópolis III

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Foto: 2porelmundo.com

Los micénicos representan la primera civilización griega que tiene su inicio en la Edad de Bronce (hacia 1.550 AC), Homero describe en la Iliada un “opíparo templo” donde los jóvenes atenienses propiciaban a la diosa Atenea con toros y carneros. Los micénicos dejaron regados por toda Grecia y Asia Menor sus espléndidos palacios con un gran salón llamado “mégaron”, es muy probable que ésta sea la edificación original en el lugar en donde hoy se halla el Partenón, que quiere decir “la residencia de las jóvenes”, es decir de las jóvenes sacerdotisas.

Hacia el 447 AC. Pericles inicia el proyecto junto a los arquitectos Ictino y Calícrates, bajo las órdenes de Fidias, como agradecimiento de la ciudad a los dioses por su victoria sobre los persas, y lo terminan en el 432 AC. Significa  un claro ejemplo del saber que tuvieron los griegos antiguos en geometría y matemáticas. Hay que imaginar cómo fue este incomparable templo de estilo dórico, todo de mármol blanco del sagrado Monte Pentélico, con gigantescas columnas de 10 metros de altura que forman una “stoa” o umbral en torno a la nave principal, con sus techos azules salpicados de estrellas doradas y sus pesadas puertas de bronce esculpido, las sacerdotisas encendiendo las lámparas votivas en el centro de la nave en penumbra al pie de la colosal estatua de Atenea Pártenos, para la cual se utilizaron colmillos de marfil  + 1.200 kg. de oro, y cuyo escultor no fue otro sino el gran Fidias. Ante la colosal estatua de doce metros de altura circundada por una doble columnata había un estanque poco profundo, imaginemos el reflejo de las lámparas sobre el agua y la centellante proyección del espejo acuático sobre la venerada virgen de oro.

Este sagrado recinto fue posteriormente violado y saqueado, a lo largo de la historia se convirtió en iglesia latina, iglesia bizantina y mezquita musulmana. En 1687 los turcos, que tenían toda la ciudad en su poder, no encontraron mejor lugar para almacenar su pólvora que el Partenón. El almirante Francesco Morosini al mando de la marina de guerra de la República de Venecia tenía sitiados a los otomanos, él estaba al tanto del depósito de municiones almacenado en el Partenón, sin embargo ordenó el ataque, uno de los cañonazos enviados desde el puerto cayó desdichadamente en el polvorín causando una formidable explosión que destruyó gran parte del edificio, el que hasta entonces se había conservado en buenas condiciones.

Nuevamente la desgracia cayó sobre la Acrópolis en el siglo XIX, cuando el embajador británico en Constantinopla, Thomas Elgin, decidió que él era el propietario del monumento y procedió a retirar la mayor parte de la decoración escultórica que quedaba para trasladarla a Inglaterra y vendérsela al Museo Británico, en donde todavía se exhibe, siendo una de las colecciones más significativas de este Museo. 

En 1976 la famosa actriz griega Melina Mercouri, entonces flamante Ministra de Cultura, se entregó por completo a la dura batalla de recuperación de los frisos. En el cuento “La lágrima de mármol”, la escritora argentina Marta Dios Sanz nos recuerda que Melina representaba la voz del pueblo griego empeñado en recuperar su patrimonio histórico. Pero tal como en este bello cuento, la  utopía de poderle arrancar al Museo Británico uno de sus tesoros sigue siendo hasta ahora “el sueño del sueño del que sueña”. Esta mujer leonina puso todo su corazón en ello, y murió sin haber logrado su heroica gesta mientras los ingleses seguían dedicados a la caza del zorro, muy concentrados en observar como lo despedazan 60 formidables perros.

Desde entonces se mantiene la disputa sin ningún resultado, en este gobierno el Siryza también viene desplegando su esfuerzo, últimamente el Ministro de Cultura ha planteado una nueva propuesta, pero en oídos sordos….Sin embargo el destino ha querido que sobrevenga una oleada de Bréxit en Gran Bretaña y resulta que muchos de sus políticos están apoyando la moción parlamentaria para que los frisos sean devueltos a Grecia. Por supuesto el ala conservadora del gobierno y el Museo Británico han puesto el grito en el cielo. 

El nuevo y fantástico Museo de la Acrópolis conserva parte de los frisos que no fueron depredados y su director sustenta que la cabeza del dios Poseidón, por ejemplo, no puede seguir separada de su cuerpo que se haya al otro lado de Europa, tiene toda la razón.    

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