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Vanessa de Oliveira, la diosa del sexo

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  • Por María Luisa Del Río
  • En ENTREVISTA
  • 31/07/2014 - 10:48PM
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Foto: kienyke.com

En el Perú se la conoce más por 100 secretos de una dama de compañía, ¿Él te engañó? es su problema y Cómo seducir clientes (Editorial Estruendomudo). Pero Vanessa ha escrito también El diario de Marise, Reunión de brujas-el libre albedrío es sagrado, Cómo enloquecer a un hombre dentro y fuera de la cama y Corazón psicópata. Las preguntas inquietantes no se dirigen a la escritora sino más bien a la mujer que se ha acostado con más de 5 mil hombres en su vida, más precisamente: en 5 años de su vida. ¡Un promedio de tres al día durante 5 años! le digo, impresionada, casi adolorida de solo imaginarlo. “Creo que más”, responde Vanessa. Y empieza una conversación de escritora a escritora, de mujer a mujer, de periodista a dama de compañía.

“Cuando empecé con esta profesión, porque es una profesión, lo hice por necesidad, pero después me gustó tanto que se volvió un estilo de vida”, me confiesa cruzando dos lindas piernas dentro de unos jeans con lentejuelas. Vanessa empezó por necesidad y siguió por placer. Tenía ocho personalidades y ocho celulares. Necesitaba diversificar su oferta. Marise, el personaje de uno de sus libros más vendidos, es Vanessa en su presentación más cara, una de mil dólares por hora. Pero también estaban otras siete Vanessas, siete personajes más con otras tarifas distintas, otros hoteles, otros números telefónicos, otras ropas y otros caterings: ella y una amiga, ella y dos amigas, ella y varias amigas, ella disfrazada, ella dándole con látigo a los sadomasoquistas, pa qué soy buena caserito. Así estuvo cinco largos años que a ella se le pasaron volando y así conoció a 5 mil hombres, tan íntimamente, tan a fondo, que ahora habla sobre ellos y cómo volverlos locos fuera y dentro de la cama, en auditorios repletos de miles de mujeres que quieren ser como ella: diosas, diosas del sexo, diosas en la cama.

Vanessa tiene una hija de casi 20 años, a quien nunca tuvo que ocultarle quién era ni lo que hacía. “Mi casa siempre estaba llena de niños, algunos hijos de otras damas de compañía, otros no. Podía tenerlos a todos en mi cuarto viendo televisión, sonaba el teléfono, y mi hijita se los llevaba a jugar un poco más allá para que no escucharan mi conversación”, me dice riéndose, y entiendo que tenía (tiene) con su hija una relación de sana complicidad que nunca se tradujo en complejos ni vergüenzas. Vanessa se siente orgullosa de lo que ha sido y de lo que logró con su trabajo.

Cómo escogías con quién sí y con quién no, le pregunto, y casi se ríe de mí cuando responde que eso no se escoge, que un trabajo es un trabajo, un cliente es un cliente, y que lo profesional es tratarlos a todos por igual y no estar pensando si son jóvenes, viejos, flacos o gordos, feos o guapos. A todos había que atenderlos profesionalmente y así lo hizo hasta que un día sintió que quería ir un poco más allá y compartir lo que había aprendido después de estar tan cerca, tan pero tan cerca de miles de hombres que buscaban placer, conversación, sentirse cómodos, engreídos, sentirse poderosos, sentirse importantes o simplemente llorar con ella por haber dejado ir a la mujer de su vida para casarse con la que no iba a causarles más dolor ni celos ni inseguridades que matan, pero que a la larga tampoco iba a llenarlos, porque la intensidad se extraña y porque lo perfecto, esa armonía inquebrantable del matrimonio funcional, tampoco los llena. Hay que hacerlos sufrir un poquiño, dice Vanessa con sabiduría de cuerpo y alma.

Al Perú viene todos los años a promocionar la venta de sus libros y a compartir su enorme experiencia en el amor y la seducción con miles de mujeres que quieren ser como ella, mujeres poderosas, diosas del sexo. Le pregunto si no se cansaba, si no llegaba a un punto en el que se sentía saturada por tan intensa actividad sexual, y me dice que no, que ella quería siempre más, que una llamada a cualquier hora del día o de la noche siempre fue una bendición para ella, que lo hizo feliz, siempre feliz.

El domingo estuve con ella en un evento bastante original organizado por la editorial Estruendomudo, de la cual ambas somos autoras. Consistía en pararnos delante de las góndolas y vender nosotras mismas nuestros libros, junto a otros escritores, uno militar, el otro un negociante emprendedor, todos con la necesidad de dedicarnos a algo más que no sea solo vender libros porque vivir de eso es recontra yuca. Vanessa ofrecía besos y abrazos, mostraba sus atributos y no paraba de sonreír y de hablar con dulzura. Sin poses de intelectual, sin complejos. 250 mil libros vendidos le han hecho perderle el miedo al mundo de las letras.

El evento: El sábado 2 de agosto estará dando consejos durante un taller de 3 horas dirigido a mujeres que necesitan inspirarse, salir de su rutina y de su tristeza, sentirse fuertes y deseables, enamorarse de sí mismas y soñar que pueden tener a los hombres a sus pies. La cita es a las 4pm en el Hotel José Antonio (Colón 325 Miraflores). Las entradas están a la venta en la Feria del Libro, en la Feria del Hogar, en la tienda Pulga (Berlín 290-3 Miraflores) y en la misma puerta del evento.

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