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Duras lecciones: De Pisco 2007 a Piura 2017

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¿Y ya tiene Usted su mochila de emergencia? A diez años de ocurrido el fuerte terremoto de Pisco, mucha agua ha pasado bajo los puentes (que resistieron) y cuando apura afrontar el proceso de reconstrucción del norte afectado por El Niño, resulta oportuno y necesario revisar lo andado y sacar lecciones para hoy. Los errores no deben repetirse.

  Queda claro que no es igual un sismo, por naturaleza sorpresivo, irruptor y casi imposible de predecir, que un fenómeno como el del Niño Costero, cuya ocurrencia tiene un desarrollo lineal y, de alguna manera, se puede prever.  Igualmente, que en el primer caso se requiere una reacción inmediata que puso a prueba, no solo la solidaridad de los pisqueños, de los peruanos y de la comunidad internacional, sino también se hizo patente la falta de prevención y la incapacidad del Estado, y del gobierno de entonces, para enfrentar la terrible emergencia.

  Ante la caída del sistema de telefonía en general y de comunicaciones del Gobierno, en ese momento tan crítico se hizo también evidente el papel trascendental de los medios de comunicación, sobre todo la radio, cuando no existían en su amplitud de hoy las redes sociales cibernéticas que suplen ese rol con gran efectividad.

EL FRACASO DE FORSUR Y LA CORRUPCIÓN

  El sismo de 7.9 grados dejó un saldo de casi 600 muertos, 1.200 heridos y medio millón de damnificados, a más de carreteras destruidas, hospitales colapsados y miles de viviendas inhabitables. Aún hoy, después de una década, son muchas las familias que viven en condiciones precarias debido al deficiente proceso de rehabilitación, así como problemas de titulación, informalidad y autoconstrucción, ordenamiento territorial y, cómo no, de corrupción.

El programa Forsur (Fondo para la Reconstrucción Integral de las Zonas Afectadas por los Sismos) tuvo graves problemas de enfoque, conformación, planificación, ejecución y de mala coordinación con los gobiernos regionales y locales con su angurria y burocratismo,  a lo que habría que agregar escandalosos casos de corrupción que aún son investigados y en los que no puede haber impunidad.

 Al respecto, es revelador que el entonces ministro de Vivienda del gobierno de Alan García, Hernán Garrido Lecca, haya reconocido esto y salido a pedir públicamente “perdón a Pisco a nombre del Apra” por no haber concluido a tiempo la reconstrucción. Ante eso el ministro de Defensa , Jorge Nieto, ha advertido  con realismo y buen juicio que “el Gobierno (actual) no puede repetir lo de Pisco.

El nombramiento de Pablo de la Flor, un profesional de reconocida eficiencia y probidad, como director de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios debe ser una garantía de eso, ahora que se cuenta con un marco legal aprobado con ciertas modificaciones por el Congreso de mayoría fujimorista. Pero evidentemente se requiere del continuo apoyo del Ejecutivo al más alto nivel y de las autoridades regionales y locales en los proyectos de prefactibilidad y factibilidad, así como en las licitaciones y la disposición y manejo de partidas.

CONTRALOR Y SIMULACROS

Para el nuevo contralor, Nelson Shack, la reconstrucción será su prueba de fuego, pues le cabe la enorme responsabilidad de encontrar el justo medio entre una actividad fiscalizadora eficiente, pero que no paralice ni retrase el inicio de las obras, como sucedió en algún momento durante la gestión de su controvertido antecesor, Edgard Alarcón.

¿Algo bueno hubo luego del sismo del 2007? Pues, aparte de la apabullante solidaridad de los peruanos y de países amigos, empezamos a entender mejor tres cosas: primero, la necesidad de contar con un organismo rector, integrado y unificador para reaccionar ante cualquier desastre, lo que ahora se está haciendo con el COEN (Centro de Operaciones de Emergencia Nacional), cuyo marco legal y de acción debe ser revisado. Luego, se echó en falta información exhaustiva y  fluida  sobre la actividad telúrica, lo que llevó a mejorar y modernizar el equipamiento del Instituto Geofísico del Perú. Asimismo, más que antes, aunque desgraciadamente no del todo aún, comprendemos la necesidad absoluta de la prevención: es mejor prevenir que lamentar.

Dentro de esto último, es saludable que ya se anuncie obras de prevención dentro del proceso de reconstrucción del norte, como por ejemplo en la revisión del curso del río Piura en su salida al mar. En el  mismo sentido, como lo ha advertido el afamado sismólogo Julio Kuroiwa, tiene que ponerse más énfasis en los riesgos de la autoconstrucción, así como en evitar invasiones en terrenos riesgosos. Y finalmente, con la misma preocupación,  de parte del Gobierno, junto con las empresas de telefonía, debe tenderse una red de emergencia ante un desastre; y, en lo que corresponde a todos los ciudadanos, tenemos que participar más seriamente en los programas de simulacro de sismos, con todo lo que ello implica.

NO REPETIR ERRORES

Sería importante y necesario que, desde el Ejecutivo, se haga un balance oficial de lo ocurrido con el proceso de reconstrucción de Pisco. Saber qué pasó, qué se hizo para aliviar y mejorar la calidad de vida de los afectados, y qué destino tuvieron las partidas destinadas a la reconstrucción es un derecho de todos los afectados y de todos los peruanos. No solo por un tema de rendición de cuentas y razones éticas, sino también para evitar que se repitan los garrafales y terribles errores del pasado.

Hoy, en Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad, entre otras regiones afectadas, es mucha la presión para que se inicien las obras a la brevedad posible. Pero, entendamos que, no por mucho madrugar se amanece más temprano; que más vale prevenir que lamentar; y que ¡solo los necios no aprenden de sus errores!

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