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Sí, que la PN no sea la cenicienta: Del dicho al hecho

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Foto: América TV

La muerte de 13 policías en un absurdo accidente en Apurímac ha motivado una ola de indignación general, pues lo que se sabe preliminarmente es que el vehículo en el que viajaban había sido contratado a última hora y sin exigir las mínimas condiciones de comodidad y menos de seguridad.

Es decir, y ello es lo que enerva, estas muertes de valerosos defensores del orden que enluta a varias familias peruanas, pudo ser evitada si se hubieran tomado las debidas previsiones por parte del Estado, y en particular del Ministerio del Interior, que no pueden eludir su responsabilidad.

Al respecto, el presidente Pedro Pablo Kuczynski ha declarado, luego de visitar en el hospital  a otros ocho efectivos que resultaron seriamente heridos, que “la Policía no será la cenicienta de las fuerzas armadas y policiales”, Seguidamente él mismo reconoció que el accidente se hubiera podido evitar si se realizaba la coordinación para usar helicópteros o vehículos de las fuerzas armadas.

Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué tenemos que esperar que ocurran muertes tan trágicas y lamentables para recién actuar? ¿Dónde y en qué estado están los ómnibus de la Policía Nacional? ¿Qué tipo de mantenimiento tienen? ¿Y qué pasa con los helicópteros de la Policía Nacional, y de las Fuerzas Armadas, que no acuden en auxilio de sus propios efectivos cuando se  les necesita con urgencia?

Aquí hay una serie de responsabilidades que tienen que ser deslindadas de modo urgente, con cargos, nombres y apellidos. La propuesta del presidente de afinar la coordinación y mejorar los protocolos de emergencia entre la PNP y todas las Fuerza Armadas es ciertamente razonable y necesaria, pero.. ¡tiene que ser puesta en práctica! Y no quedar en lo simplemente declarativo.

(Guardando las distancias, cuando en Navidad, hace pocos días, se produjo un sismo de 7,7 en el sur de Chile, a los pocos minutos la Oficina Nacional de Emergencias, Onemi, que depende del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, reportaba la intensidad del sismo y coordinaba de inmediato la logística para prevención y posible evacuación en caso de tsunami, que resultó exitosa. ¿Y acá porque no podemos hacer esto, a nivel del Ministerio del Interior, para emergencias domésticas  y evitar la muerte de más efectivos que fallecieron esperando los helicópteros?).

¿Y EL HOSPITAL CENTRAL DE LA POLICÍA?

Adicionalmente, no podemos dejar de mencionar la desastrosa situación del Hospital Central de la Policía Nacional. Allí los familiares de los efectivos heridos se quejaban de la mediocre atención y   tenían que comprar ellos mismos sus medicinas, lo cual es realmente intolerable. Está pendiente aún el informe del Ministerio del Interior sobre el sistema de sanidad policial, su presupuesto y las reformas en curso para aclarar las gravísimas denuncias de ineficiencia, lenidad y corrupción

Hace pocos días el titular del sector, Carlos Basombrío escribió un artículo, “En cuidados intermedios”, en el que resumía los avances en seguridad ciudadana en los primeros meses de Gobierno; y prometía más patrullaje integrado y “revolucionar las comisarías garantizando una mejor atención al público y una mayor eficacia”.

Es verdad que se ha mejorado en algo las remuneraciones y que luego del fiasco de la compra de patrulleros del gobierno humalista se ha llegado a una solución intermedia. Sin embargo, ¿Cómo  vamos a exigirle a los efectivos policiales más compromiso y eficiencia cuando se les trata como “cenicientas” y cuando cotidianamente se les transporta en camiones inadecuados o son  enviados de comisión con retorno de pronóstico reservado  al  contratar cualquier vehículo sin mínimas condiciones de seguridad para transportarlos?

Queda mucho por hacer. Los policías, que en general cumplen una sacrificada labor,  no pueden ser tratados como ciudadanos de segunda categoría y merecen respeto en su labor diaria, así como  atención de excelencia en hospitales de primera categoría.

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