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¿Cómo deberíamos reaccionar si somos víctimas de un insulto racista?

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Foto: La República

Sorprende que en el Perú, siendo un país, en esencia, multirracial se den casos de racismo (y seguidos). Hace unos días el delantero panameño del Juan Aurich Luis Tejada abandonó amargamente el estadio en pleno partido de fútbol, luego ser víctima de insultos racistas por parte de la hinchada de Cienciano en el Cusco.

Poco después, la presidenta del Consejo de Ministros, Ana Jara, fue calificada de lesbiana por el pastor evangélico José Linares a través de una publicación en Facebook, por apoyar el proyecto de ley de la Unión Civil. Si bien no se trata de un insulto racista, sí es un intento de desacreditar a otra persona en base a su identidad. 

Ayer, se conoció otra denuncia de racismo, esta vez en contra de un policía. El hecho ocurrió en la estación Naranjal del Metropolitano donde una joven intentó saltarse la cola pero fue detenida por un agente de la Policía que le pidió que regrese a la fila.


Tercamente, la mujer intentó persuadir al agente pero no lo logró, mientras regresaba molesta al final de la cola le gritó “serrano” de forma despectiva al policía.

Estos casos son el reflejo de un enorme problema que se da a diario en nuestro país. Términos como ‘cholo’, ‘serrano’, incluso ‘gringo’, son utilizados despectivamente. Wilfredo Ardito, doctor en Derecho y profesor de la PUPC, señala que esto no se da en otros países como “México, Colombia, Chile, Ecuador o Bolivia”, donde, por ejemplo, la palabra ‘serrano’ “simplemente tiene una connotación geográfica, como decir ‘costeño’ o ‘sureño’”

“Su uso (de la palabra ‘serrano’) como insulto refleja así el racismo existente en nuestra sociedad”, agrega.
En su artículo, '¿Por qué serrano es un insulto en el Perú?', Ardito explica que “el término ‘serrano’ ha llegado a ser tan interiorizado como insulto que mucha gente de la sierra lo usa para discriminar a quien tiene rasgos, vestimenta o apellido andino. Es triste comprobar que el racismo es una ideología victoriosa, porque es ejercido por las propias víctimas. Con frecuencia, al dar una charla en Huancayo, Cusco o Arequipa, coloco un cartel que dice “Bienvenidos serranos” y los participantes reaccionan ofendidos, como si estuvieran siendo insultados. La interiorización es tan fuerte que, cuando una persona de rasgos andinos lanza una frase racista, otros comentan “¿Y tú acaso eres blanco?”, como si las personas blancas tuvieran derecho a discriminar o fuera natural la discriminación.”

Entonces, ¿qué deberíamos hacer si somos víctima de ataques verbales racistas? Ardito recomienda lo siguiente:
“Lo importante es ser consciente que el racista pretende paralizar a su víctima y bloquear una posible respuesta, lo cual, normalmente, evidencia que no tiene la razón. La víctima debe ser consciente que el recurso a la injuria racista es en el fondo una confesión de que el agresor estaba en falta. Hay que reaccionar con cabeza fría para resolver el problema de fondo y advertirle que siendo racista, solamente va a complicar su situación. Probablemente, el racista esté tan convencido de las jerarquías étnicas que ni piense en pedir disculpas, pero se puede sentir intimidado y darse cuenta de que sus insultos no consiguen lo que querían. Eso sí, denunciar estos hechos ante las autoridades, los medios de comunicación o las redes sociales es una mejor forma de enfrentarlos que guardar silencio.

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