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Turquía: el gran dilema, por Elvira Roca-Rey

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Foto: elclarin.cl

En estos últimos días la UE ha manifestado su franco malestar frente a Turquía, cierto sector ya ha empezado a cuestionar la posibilidad de fraude en las recientes elecciones de ese país, dado el ínfimo margen con que Erdogan ha ganado el referéndum no resulta descabellado planteárselo. En todo caso, tanto el Parlamento Europeo como El Consejo de Seguridad, así como los diferentes partidos y presidentes de la gran familia europea, han manifestado su gran preocupación frente al poder casi ilimitado que aparentemente el pueblo turco le acaba de otorgar a su máximo representante, al permitirle transformar la constitución. Para empezar el Sr. Erdogan se entroniza hasta el año 2029, con poderes prácticamente absolutos e incuestionables, lo cual lo convierte en una especie de dictador elegido por votación. Como resultado de la intentona golpista que tuvo lugar en Julio pasado, más de 100.000 personas han perdido sus puestos de trabajo, particularmente en el sector universitario, escolar, científico, etc. Y hay más de 70.000 detenidos, es decir que ha habido una purga de terror dirigida contra intelectuales con capacidad de opinión. Si esta forma de proceder antidemocrática ha tenido lugar antes de ganar el referéndum ¿qué le espera a partir de ahora a los turcos si no es el despotismo total?

Los que se encuentran en peor situación frente a semejante problema son Grecia y Alemania, hace muy poco, durante su campaña, Erdogan calificó a la Sra. Merkel de nazi, porque su gobierno no había permitió desembarcar en suelo alemán a los Ministros turcos por él enviados para ganar votantes a su favor. La Sra. Merkel con razón advirtió que no se puede hacer campaña política de otro país en su territorio, aunque de todas formas lo lograron hacer, no en las plazas como era su plan, pero si en el patio abarrotado del Consulado turco en Berlín. Son tres millones de turcos residentes, de los cuales el 63% ha votado por Erdogan, más que dentro de Turquía donde el margen ha sido mínimo. Las relaciones con el resto de la UE desde hace mucho tiempo se mantienen al filo de la navaja, Turquía presiona para formar parte de la Unión, pero con su dudosa actitud Erdogan no representa a un gobierno capaz de cumplir con los requisitos democráticos necesarios. En repetidas ocasiones ha amenazado públicamente con restaurar la pena de muerte en su país, con esta promesa sobrepasó la línea roja, allende la reciente purga y otras perlas que constituyen el impedimento definitivo capaz de justificar la resistencia europea a recibir su solicitud de ingreso.

No obstante, tanto Alemania (con sus tres millones de turcos, muchos de ellos alemanes de nacimiento), como Francia y los demás socios, tienen las manos atadas por causa de la vigente crisis de refugiados. Existe una tupida red de intereses entretejidos entre Turquía y la UE, no olvidemos que el Bósforo es el paso entre el Medio Oriente y Occidente, la situación es demasiado delicada como para poder darle con la puerta en las narices. Algunos políticos ya han declarado que “hay que esperar, a ver si se decanta por el absolutismo, o bien se atiene a las reglas democráticas de la comunidad a la cual pretende pertenecer”. Yo personalmente intuyo que esta última opción no va a prosperar, más bien tiemblo ante la idea de que un gobierno de todo punto de vista dictatorial tenga voz y voto dentro de la UE.

Por otro lado tenemos a Mister Trump manipulando sus hilos ¡cómo no! Hasta ahora se ha manifestado lo menos que ha podido en contra de la escabrosa purga efectuada, o acerca del acto inconstitucional que se ha propuesto llevar a cabo Erdogan; aferrado a su alianza con Turquía por razones bélicas es prácticamente imposible que los Estados Unidos adopten una actitud contraria a éste.

Por último consideremos el dilema griego: Turquía representa un enemigo histórico, los conquistadores otomanos se quedaron 400 años aquí. Y como vengo desde hace tiempo contándoles a mis lectores, los aviones de ese país invaden el espacio aéreo griego sobre el Mar Egeo una o dos veces por semana. Pero Erdogan en lo que va de año ha reducido casi a cero la fuga de refugiados que tanto ha agobiado a las islas y costas griegas. Ahora millones de sirios, entre otros, se encuentran acantonados en su país esperando que Erdogan decida su destino. Si no lo dejan entrar en la Unión Europea sólo tiene que abrir las compuertas.

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