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La hora del fujimorismo: control político no es obstruccionismo

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Foto: larepública.pe

“Evitar un escenario de más enfrentamiento”. Es lo que, con prudencia y  buen tino político, ha argumentado el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczinsky, para no plantear la cuestión de confianza como respuesta al pedido de censura contra el ministro de Educación Jaime Saavedra, en el que insiste de modo controversial la mayoría fujimorista. 

Antes que nada, hay que aclarar dos cosas: primero que lo que los fujimoristas califican machaconamente como “control político” es una institución constitucional, dentro del Estado democrático y del principio de “checks & balances” entre los poderes públicos, pero siempre argumentado razones y teniendo en cuenta que el principal mandatario es el ciudadano.  Y luego, concordante con ello, la acusación de responsabilidad política “por corrupción y negligencia” contra el ministro es simplemente absurda, pues él no puede controlar cada so del ministerio, ni se ha beneficiado con ello,  y menos cuando se ha usado el sistema de compras públicas y ya se ha hecho las denuncias penales respectivas.

Desde este punto de vista, si bien  la censura ministerial es una forma de control político, para ser legítima y constitucional debe estar suficientemente motivada. De otro modo, este sui generis “control político” se convertiría  en una maquinaria de abuso y prepotencia por parte de una mayoría irresponsable que afectaría arteramente la gobernabilidad democrática. 

Como bien señala el jurista César Luna-Victoria, bajo el diseño constitucional “el Congreso también administra justicia cuando resuelve los juicios políticos contra autoridades y, en este caso, cuando impone sanciones como la censura. En consecuencia, no es relevante que el Congreso sea una instancia política y que la censura sea un mecanismo constitucional expresamente previsto. Lo relevante es que se está administrando justicia y, en ella, son exigibles todas las garantías del debido proceso y el respeto a todos los principios del derecho. En resumen, en esta historia el Congreso está ejerciendo una función judicial y, desde mi deformación profesional, veo en ella demasiadas violaciones de principios de derecho y de la Constitución. La censura a Saavedra no es una sanción razonable ni gradual, no respeta la igualdad ante la ley, constituye un abuso del derecho y es nula porque carece de causa jurídica suficiente…”. (http://semanaeconomica.com/el-derecho-al-reves/2016/12/12/censura-censurable/).

PUNTERÍA CONTRA LA LEY UNIVERSITARIA

La atingencia es sumamente pertinente, por lo que habría que preguntarse cuáles serían las verdaderas razones detrás de esta moción de censura contra un ministro que es un técnico reconocido en el ámbito internacional y ha mostrado notables avances en un sector históricamente complejo, problemático y amodorrado como el de Educación. 

Es cierto que  la política educativa no estaba incluida en el pliego interpelatorio contra Saavedra, pero parece ser el tema de fondo detrás de la censura absurda. Ello contra un ministro que viene del Gobierno anterior (al que trasladan la ojeriza contra el humalismo) y que fue ratificado precisamente para proseguir con la reforma. Luego, es igualmente innegable que Saavedra resultaba muy incómodo para los enemigos de la nueva Ley Universitaria, entre ellos varios congresistas vinculados a universidades que no han tenido el decoro de inhibirse.

Tratando de desviar la atención de este tema, algunos voceros fujimoristas retacean incluso los logros de la reforma educativa en primaria y secundaria, que si bien son discretos, deben ser reconocidos y continuados como política de Estado:  los resultados de las pruebas PISA, que miden comprensión lectora, matemáticas y ciencia, demuestran que el Perú (que en estas pruebas de la OCDE es un país invitado) ha avanzado algo  en los últimos años. Asimismo, se sigue mejorando en meritocracia,  preparación y remuneraciones de directores y maestros; y la relación con el sindicato magisterial (Sutep), antiguamente confrontacional e ideologizada,  se ha mantenido estable y hasta saludable en los últimos años. 

Al respecto, saludamos el anuncio presidencial de continuar con la reforma educativa como una política de Estado, en un ámbito especialmente sensible para nuestra sociedad, que no puede depender de ‘lobbies’ empresariales o  intereses subalternos, ante  cuyas acciones futuras la prensa y la  sociedad civil deben permanecer muy alertas.  

LLAMADO AL DIÁLOGO: ABSOLUTAMENTE NECESARIO

En tal contexto, el llamado al diálogo que ha hecho el presidente Kuczinski  es absolutamente necesario y atendible por el resto de fuerzas políticas; y no puede ser visto como una señal de debilidad. Dicen los  voceros fujimoristas  que ya colaboraron con el voto de investidura al Gobierno, la delegación de facultades y la aprobación del Presupuesto, como si ello fueran concesiones o favores al Ejecutivo, y no producto del debate alturado y democrático en favor del interés nacional, así como de prácticas usuales en un Gobierno que recién se inicia. 

Recordemos que faltan aún 4 años y medio de gobierno, que obligan a tender puentes sobre un norte común y  una agenda de temas concretos, lo cual no sería muy  difícil si reparamos en las grandes convergencias que tienen los planes de gobierno de Peruanos por el Kambio y Fuerza Popular en temas económicos y otros. 

¿Por qué el entrampamiento? ¿Por qué hemos llegado a los extremos actuales y a esta crisis tan prematura? ¿Qué mensaje están dando los políticos a los ciudadanos de a pie, a los que en campaña les hablan de modernidad, cambio, renovación y diálogo, pero en la práctica solo les ofrecen los mismos bárbaros espectáculos de confrontación, oídos sordos y obstruccionismo? ¿Qué nos espera en los próximos meses? 

LA RESPONSABILIDAD DE KEIKO Y DE LA MAYORÍA FUJIMORISTA

La pelota está principalmente  en la cancha del fujimorismo en el Congreso, y  también de su evasiva lideresa Keiko Fujimori, que deberán asumir ante la nación la responsabilidad y el costo político de sus acciones y omisiones, que muchos califican como obstruccionistas y revanchistas. Desde este punto de vista, el ministro Saavedra -un técnico de primer nivel que fue  injustamente maltratado verbalmente por los fujimoristas y apristas en la sesión de interpelación--,  sería la primera víctima de la maquinaria atropelladora fujimorista y su colofón aprista, a la que  luego seguirían otros utilizando una especie de “juicios sumarios”, y  hasta la propia institución presidencial.

Incidir en este actuar resultaría muy peligroso. Y no solo para la estabilidad política del país,  sino para la gobernabilidad democrática y los mismos intereses del fujimorismo como partido y opción de gobierno. Los proverbios son sabios y reflejan situaciones  típicamente humanas: Hay  “el que ríe último ríe mejor” (en el que podrían estar pensando los fujimoristas que parece no terminan de asumir su derrota electoral), pero también existe el “a río revuelto, ganancia de pescadores” (que podría estar en la mente de los radicales izquierdistas”).  

A ello agregaríamos nosotros, a modo de reflexión en este caso sobre usos y docencia democrática, que hay victorias pírricas, que tienen un altísimo costo que deberá ser asumido principalmente por el fujimorismo, al ofrecer a la ciudadanía el triste espectáculo de una aplanadora prepotente que recuerda vívidamente al Congreso del “beeper” y con votos comprados de los 90, que prometía con bombos y platillos renovar la política tradicional pero que finalmente acabó hundido en un maremágnum de ineficiencia, inmoralidad y corrupción. Control político no es obstruccionismo, señores. 

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