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No a Correa: ¡Ecuador merece una segunda oportunidad!

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 Foto: radiomorena640.com

A pesar de las bravuconadas de Rafael Correa y de la dura ofensiva gubernamental,  que amenaza a la oposición y controla gran parte de la prensa… ¡hay segunda vuelta en Ecuador!

Es una buena noticia para la democracia. Gran mérito en esta batalla inicial corresponde a las agrupaciones opositoras y a los colectivos civiles que se mantuvieron alertas y vigilantes, frente a las instalaciones de los organismos electorales, para exigir el conteo exacto e imparcial de los votos y disipar el fantasma de un fraude que planeaba antes y después del sufragio.

Lo cierto es que a Correa --que lleva 10 años en el poder con su proyecto  de corte autocrático, populista e intolerante-- quizás le hubiera gustado continuar, pero las circunstancias no eran propicias para el atornillamiento personal, por lo que apostó por su actual vicepresidente, Lenin Moreno, y también por un triunfo de este en primera vuelta, que afortunadamente, desde nuestro punto de vista, no se dio…

Pero estuvo muy cerca: 39,36% logró su delfín, seguido del banquero Guillermo Lasso con 28,09%: una diferencia de 10 puntos del primero respecto del segundo, pero sin llegar al 40% que exigía la normativa electoral para evitar la segunda vuelta.

DEMOCRACIA SIN CARETAS

El reto de la oposición ahora, de cara a la segunda vuelta,  es precisamente ese: mantenerse unida y firme, lo que es una ardua tarea, primeramente porque los partidos perdedores deberán deponer intereses particulares para forjar una sólida candidatura opositora; y luego porque la batalla será desigual con el presidente actual y el aparato del Estado apoyando directa o indirectamente al candidato oficialista.

Es mucho lo que está en juego. Ante todo, el ansiado retorno a un Estado de derecho real y con equilibrio de poderes, donde todos tengan oportunidades de actuar y ejercer sus derechos libremente, sin temor a represalias. También la reactivación de la economía, bastante golpeada por la baja de los precios de petróleo, la retracción de la inversión privada  y la discrecionalidad del gobierno en los grandes proyectos y en el gasto público.

Luego, algo que ha golpeado fuertemente al oficialismo, son las denuncias de corrupción –¡Odebrecht también ha reconocido sobornos en Ecuador por 33.5 millones de dólares!— que involucran a su  vicepresidente y candidato a la reelección en dicho cargo, Jorge Glas. Es reveladora la defensa cerrada que ha hecho Correa de Glas, así como sus ataques  personales contra los denunciantes, varios de los cuales han tenido que salir del país por miedo a represalias.

El estilo personalista y confrontacional de Correa contrasta con las formas democráticas. Por lo pronto, aparte de su intervención abierta en la campaña y su actitud permisiva con la injerencia militar en las elecciones, a  través de comunicados que más parecían llamados a la calma solo a los opositores, Correa ha amenazado con volver a postular si afectan lo que él considera sus ¨logros¨.

Peor que eso, erigiéndose en una especie de personalización de un  “protectorado”,  ha anunciado que, si gana la oposición,  aplicará “la muerte cruzada”. Es decir, un controvertido mecanismo constitucional, promovido durante su mandato y  que la oposición ha prometido revisar, según el cual los poderes Ejecutivo y Legislativo tienen la potestad de disolverse mutuamente en los tres primeros años de gestión, tras lo cual debe llamarse a elecciones generales.

Muy preocupante. Correa también es conocido por ser un enemigo desembozado de las libertades de prensa, expresión y opinión, lo que revela su talante antidemocrático. No solo ha promovido leyes que imponen, en la práctica, mecanismos de control de medios, así como de  censura y persecución de los que considera críticos; sino que, como reseña la ONG Fundamentos, en los últimos años se ha emitido 478 sanciones contra medios de comunicación y periodistas de ese país. Los periodistas de Ecuador tienen que hilar muy fino para evitar que se tipifique su trabajo como acciones de sabotaje o terrorismo, que tienen penas muy severas. ¡La censura previa en todo su esplendor!

EXTIRPAR LOS LUNARES AUTOCRÁTICOS

Los ecuatorianos merecen una segunda vuelta con reglas claras e igualdad de condiciones, para debatir ideas y planes de gobierno, de modo que la población entienda lo que realmente está en debate: no solo el retorno a la institucionalidad democrática y una economía social de mercado  que atraiga inversiones, sino asimismo el derecho a vivir en libertad y tolerancia.

No puede haber democracia sin libertad de expresión. Decía Alejandro Miró Quesada Garland que “la libertad de prensa, expresión y opinión, es el árbol frondoso bajo el cual se cobijan las demás libertades”; y que cuando se la conculca se afecta gravemente el derecho de los ciudadanos a informarse y ultimadamente el sistema democrático.

En el mismo sentido, mucho antes, se pronunció uno de los padres fundadores de Estados Unidos, Thomas Jefferson, quien afirmó que prefería “unos periódicos sin gobierno, que un gobierno sin periódicos”,  pues solo a partir de información correcta y libre se podía tomar decisiones correctas, por lo que se oponía a cualquier tipo de censura, que es lo que no entiende Correa ni tampoco sus colegas del obsoleto y fracasado “socialismo del siglo XXI”, como Nicolás Maduro y Evo Morales.

Esperemos que esta segunda vuelta el 2 de abril marque un punto de inflexión para los ecuatorianos que luchan por la libertad y el Estado de derecho y redibuje el mapa democrático de América Latina. Más temprano que tarde, ojalá, deberán ser extirpados los lunares dictatoriales y autoritarios que desgraciadamente, para sufrimiento de esos pueblos, aún quedan en Cuba, Venezuela y Bolivia.

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