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Volteretazo contra la impunidad: Hay Plan B en Colombia

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Foto: lostiempos.com

¡Ganó la sensatez…! Sorprendentes y aleccionadores han sido los resultados del plebiscito refrendatorio en Colombia: contra el ‘bulldozer’ de la propaganda y la seudomanipulación gubernamental, la mayoría de colombianos, aunque por ajustado margen pero en un histórico volteretazo, han rechazado el controvertido acuerdo de paz que daba impunidad y demasiadas concesiones a los terroristas de las FARC.

Han perdido el Gobierno, que se había adelantado a celebrar,  y las encuestadoras que días antes daban como rotundo ganador al SÍ, pero creemos que ganaron la institucionalidad democrática  y el Estado de derecho en Colombia, que ahora exige a sus líderes armar un gran consenso para corregir las cosas y cimentar la  paz en otros términos y sin tantas escandalosas concesiones para las FARC. En esto no puede haber demora.

Efectivamente, desde esta columna (26/06/2016), y a tono con muchos expertos y ciudadanos colombianos, señalamos hace unos meses, ante  el anuncio del fin de las conversaciones en Cuba, que eso “Suena demasiado bello para ser cierto (…) Es importante el pragmatismo en la política, pero que un presidente constitucional se siente a conversar y pactar con un cabecilla terrorista, es por decir lo menos perturbador.  Mucho más si los acuerdos disponen que se haya forzado la intervención de otros poderes públicos, como el Legislativo y Judicial, para otorgar un trato especial a los integrantes de las FARC en el proceso de reincorporación a la sociedad. Se indica, por ejemplo, que como muchos de los guerrilleros tienen órdenes de captura vigentes, será necesario suspenderlas para facilitar los procesos de “justicia transicional”.

TERRIBLE PRECEDENTE

“La paz sí, pero no así” es lo que, con justificada razón e indignación, pregonaban los promotores del NO, muchos de los cuales, abrumados por la presión de la maquinaria gubernamental, no se atrevían a  comentarlo a los encuestadores.

 Lo que ha ganado finalmente es el hastío por varias cosas, entre ellas la falta de transparencia en las negociaciones; la impunidad que se concedía a  los criminales, secuestradores y narcotraficantes  de las FARC; y, a más de eso, se les asignaba ciertas partidas del Erario  Público para diversos  conceptos… además de ¡cupos en el Congreso y en otras entidades  públicas!

Los promotores del SÍ, con el Gobierno a la cabeza, aducían que la paz exige ciertas concesiones, para terminar con medio siglo de violencia criminal y  evitar más muertos; y que en el pasado se ha dado casos similares con otros grupos como el M-19. Se calcula que el enfrentamiento con las FARC ha causado alrededor de   250 mil muertos, 45 mil desaparecidos y 6.9 millones de desplazados.  Pero, nuevamente se alza la pregunta: ¿La paz a cualquier  precio?

Pues era demasiado. Y además se podría haber sentado un terrible precedente  para Colombia y para la región que, más cerca nuestro, algunos radicales querrían aplicar para los remanentes terroristas senderistas que acá sí fueron vencidos por el Estado y las Fuerzas Armadas y Policiales. (Lo que queda ahora, en el Perú,  es demostrar voluntad, desde el más alto nivel de Gobierno y la ciudadanía en general, para afinar una política de erradicación de esos cogollos ideologizados y mercenarios al servicio del narcotráfico, que pretenden revivir esas doctrinas oscuras y violentistas, lo que no podemos permitir de ninguna manera. La propaganda y apología terrorista, sea a través de mausoleos u otras formas,  debe ser contenida y sancionada por la ley).

BORGES, DEMOCRACIA Y UNIDAD POR LA PAZ

Muchas lecciones nos deja el resultado del referendo en Colombia. Primeramente, que no se puede dar nada por descontado ni celebrar por anticipado (¿algo parecido al Brexit británico y a nuestras recientes elecciones?), como hizo el Gobierno Colombiano, que no solo presentó el referendo como única y definitiva opción (“no hay plan B”, decían), sino que celebró por adelantada, en una mesa internacional, la firma del acuerdo, aún antes del referendo.

Luego, es verdad que solo acudieron a votar 39% de votantes, en un país donde la votación es facultativa, pero ello no resta validez, legitimidad ni contundencia a los resultados. Esa es la regla de oro de la democracia que no se puede variar; pero la democracia es así.

Decía el gran Borges que “la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor".  Habría que decir también que estadísticamente la cordura no es la más común. Sin embargo, en esta oportunidad la cordura y la democracia han puesto el fiel de la balanza en el lugar que le corresponde, sobre todo en una coyuntura donde se pretendía perdonar lo inaceptable para poder convivir en sociedad.  Hay que quitar la piedra de la mano a quien la quiere usar contra ti. Lo que se busca ahora, es otro mensaje del NO, es evitar el prospecto de un narcoestado, a lo que han estado vinculadas las huestes criminales de las FARC.

Finalmente, estos resultados han obligado al Gobierno del presidente Juan Manuel Santos a reconocer el dictado de las urnas y, lo que es positivo, a convocar a  representantes de la oposición y de la sociedad civil al reinicio de las conversaciones cuyo nuevo marco está por definirse. El Gobierno ha decretado que mantiene el cese del fuego, y los cabecillas de las FARC han dicho que seguirán en el proceso y actuarán solo “con palabras”. Veremos.  Una gran responsabilidad recae también en los promotores del NO, que tienen que encumbrarse sobre rencillas antiguas  y acoplarse a un diálogo franco con el resto en la búsqueda del gran objetivo de la paz.

Sí hay plan B para alcanzar la ansiada paz. Eso es lo que los colombianos quieren y exigen, luego de rechazar un acuerdo tan indigno como alevoso para la justicia y el Estado de derecho y para la memoria de las víctimas.  Y eso es lo que los gobiernos de la región y las entidades supranacionales deben apoyar, aprendiendo la lección que deja este referendo. ¡La paz sí, pero no a cualquier precio!

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