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Con palo no vale (de ningún lado)

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Foto: RPP

Quienes me conocen y aquellos que suelen leerme en las redes sociales (a quienes agradezco), saben que jamás votaré por el regreso del fujimorismo al gobierno. Apoyo abiertamente las marchas y toda acción pacífica en contra de la candidatura de Keiko Fujimori porque estoy convencida de que representa la extensión del régimen corrupto y criminal de su padre, hoy preso por delitos de lesa humanidad.

Y con el mismo derecho que tengo a cuestionar una propuesta política que no me garantiza un gobierno que respete las leyes y los derechos fundamentales puedo cuestionar las acciones de algunas personas que desdibujan y trastocan una lucha que me parece justa y necesaria.

Los actos violentos ocurridos en Tacna no suman y flaco favor le hacen a la causa. Como es mi costumbre, expresé mi opinión en mi cuenta de twitter y las reacciones fueron, en realidad, las que esperaba. Recibí insultos, respuestas agresivas y por poco me dicen que hasta soy fujimorista. ¡Increíble!

Como respuesta me dijeron que fueron los simpatizantes de Keiko Fujimori los primeros en atacar (efectivamente así fue), que hubo infiltrados, que nos provocaron y cientos de razones más. Pero las imágenes son claras y no dejan lugar a dudas: la violencia provino de ambos lados y no hay justificación válida.

¿Si reaccionamos como ellos en qué nos diferenciamos? Lo único que conseguimos es victimizarlos y reforzar sus argumentos de que quienes estamos en contra somos una horda de violentistas y extremistas. Y la verdad, es que nos comportamos como tales.

Roberto Esparza, quien como yo apoya la lucha contra Fujiomori, escribió en twitter: “Lo peor que puedes hacer es ser como aquello que tanto criticas”. Cuánta razón tiene, en lugar de marcar distancia a veces, cediendo a las provocaciones, podemos acercarnos a lo que representan.

En la misma línea, la periodista Rosa María Palacios escribió: “Protestar es justo, indignarse necesario. Pero hay reglas. No romperlas es signo de civilización. Si otros las rompe, no las rompas tú”

Está claro entonces: evitemos (aunque el fragor de la protesta nos impulse) caer en el juego sucio de los fujimoristas con acciones violentas, calificativos de grueso calibre e insultos innecesarios. Decir y/o escribir: rata, HDP, CSM entre otras cosas no nos hace mejores. Tampoco vale retuitear porque al hacerlo, hacemos nuestras tales expresiones.

Marquemos la diferencia y pongamos nuestra lucha en el nivel necesario. No demos razones para reforzar los insultos que provienen de las filas fujimoristas cuando nos llaman “terrucos”, nos los dejemos ser las víctimas y retratarse como tales ante la opinión pública o aquellos con escasa memoria.

Mantengamos la calma y que la lucha continúe.

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